EN EL NOMBRE DEL PADRE, DE LA HIJA Y DEL ESPÍRITU DEL LIBRE MERCADO. Una Reflexión religiosa sobre la coyuntura política peruana.
Martes 27 de Abril del 2021 (a 41 días de la segunda vuelta presidencial)
No hay escalas grises. El paisaje político para Keiko Fujimori luce favorablemente en blanco y negro. Sobre el caballete de la opinión pública, puede pintar a su adversario en negativo. No recula en su estrategia. Su ofensiva no es reciclada, simplemente nunca tuvo un desuso. En el nombre del padre, saca a relucir toda su artillería verbal heredada del Fujimorismo más clásico[1]. No busca ganar electores, sino simpatizantes amilanados. Contra Pedro Castillo (candidato por Perú Libre) no esgrime programas ni propuestas, sino rótulos que invocan a fantasmas de un pasado aterrador: “comunismo” -por no decir “terrorismo”-. Más contemporáneo aún, sintonizando con los que adquirieron razón en el nuevo siglo XXI, trata de advertir que “la izquierda radical” son los huevos de larva del chavismo y el evomoralismo. Sus allegados, se pasean por diferentes programas de TV y citan hasta el cansancio el plan de gobierno de Castillo tratando de encender todas las alarmas, como sacerdote en misa hablando del libro del Apocalipsis:“PERÚ LIBRE es una organización de izquierda socialista que reafirma su corriente ideológica, política y programática. Para ser de izquierda se necesita abrazar la teoría marxista y bajo su luz interpretar todos los fenómenos que ocurren en la sociedad mundial, continental y nacional, sus causas y efectos, y a partir de ese diagnóstico plantear criterios de solución que conlleven a la satisfacción de las mayorías” (Partido Político Perú Libre, 2021)
“Expropiación”, “estatización”, “inflación”, “devaluación”, “huída de la inversión extranjera”, “aislamiento financiero”, “caída de la moneda nacional”, “desplome de la bolsa de valores”, “desempleo”, “pobreza”, “migración”, “una nueva Venezuela”, son las palabras y frases de las señales del fin del mundo que se ventilan en los principales medios de comunicación y en redes sociales. Si el virus y la pandemia -bíblicamente pestes y plagas- son avisos del apocalipsis, lo que vimos ayer en el cielo de algunos distritos de Lima, pone más los pelos de punta a todo cristiano. Acostumbrados a un fin publicitario, emergieron paneles con frases como: “El comunismo genera miseria y pobreza”, “¿Sabes que el voto en blanco le suma al comunismo?”, “El socialismo nos lleva al comunismo”, “Piensa en tu futuro. No al comunismo”. ¿Qué autor divino estará detrás de estos mensajes? No lo sabemos, pero ha de ser uno que esté dispuesto a pagar más de 20 mil soles por cada panel de acuerdo a las tarifas de la empresa Punto Visual dueña de los mismos.
Mientras tanto, en un universo paralelo, Castillo -provinciano, maestro rural de educación básica, rondero y agricultor-, impertérrito a las trompetas del apocalipsis de otro mundo, sigue afianzando y aumentando sus puntos porcentuales[2]. No cae en la trampa de visitar canales de TV en el planeta de Lima Metropolitana. Parece ser más astuto y ágil que Keiko. Se mueve como pez en el agua en su planeta del “Perú profundo”, en la tierra de los desterrados del paraíso del progreso y el desarrollo, de los impávidos al crecimiento económico, de los “nadies”-como dice él-. Su imagen recuerda a los héroes regionales protagonistas de rebeliones indígenas y campesinas que, tiempo atrás, lucharon sin éxito contra la abolición del gamonalismo. Lleva siempre sombrero y poncho, le gusta trasladarse en caballos de paso y en la mano todo el tiempo carga un lápiz gigante[3], símbolo de su partido. Le ha ganado la batalla a la “izquierda tradicional”, dícese de la izquierda integrada por el sector de la clase media, profesional, intelectual, capitalina, oenegera, caviar, y no representativa de las necesidades regionales. La que a regañadientes ahora tiene que marcar por el lapicito en segunda vuelta, si no es que, algunos de sus militantes, por un reflejo consciente de defensa de sus privilegios -además de un subcutáneo racismo- marquen la otra casilla. Verónika Mendoza (de Juntos por el Perú) parece ser una osita de peluche frente a la amenaza mortal que ahora Castillo representa para la Confederación Nacional de Instituciones Privadas (CONFIEP).
Como sea, resulta más o menos sencillo explicar el por qué la “izquierda radical” está peleando ahora el sillón presidencial. No existió ningún Nostradamus que se atreviera a pronosticar este escenario pero, en todo caso, no hay que hacer un enorme esfuerzo científicosocial, ni mucho menos recurrir a la opinología, para interpretarlo. Cuatro días antes de las elecciones de primera vuelta realizadas el pasado 11 de abril, el periodista John Burn-Murdoch, de la agencia noticiosa del Financial Times, otorgaba el título mundial al Perú como el peor país en el manejo de la pandemia por exceso de muertes. La noticia rebotó en algunos medios locales, pero no era algo nuevo. Eso ya lo sabíamos desde mitad del año pasado. Las cifras son solo el reflejo de lo que vemos diariamente: obituarios, desfiles de ataúdes en los cementerios[4], colectas solidarias, filas interminables para comprar balones de oxígenos, escasez de camas UCIs, hospitales colapsados, proceso lento de vacunación, vacunación por corrupción y últimamente la impotencia de algunos al ver que otros tienen la posibilidad de viajar al extranjero para poder inyectarse el antídoto. Ya el ex presidente Manuel Prado (1989-1967) nos advertía que “en el Perú hay dos tipos de problemas: los que se resuelven solos y los que no se resuelven nunca”. La pandemia fue (mal)entendida desde la primera perspectiva, es decir, pensaron que se iba a resolver sola. Bueno, sola no, sino por obra y gracia del espíritu del mercado, una versión pesadillesca de la mano invisible de Smith que excluye a las grandes mayorías y hacer pasar por el ojo de la aguja clasista a otros pocos. Escrito está en las sagradas escrituras de la vigente Constitución fujimorista de 1993: ¡Sálvese quien pueda!
Y
así se puede explicar el por qué un amplio sector de electores ha encontrado en
Castillo a un justiciero que toma parte de la gran deuda social del Estado con
sus ciudadanos, especialmente, los de región. La izquierda que representaba
Verónika Mendoza parece haberse quedado corta para las necesidades urgentes de
un amplio sector de la población por reformar el modelo inhumano del libre
mercado. La misma, dedicó su campaña a derribar la leyenda que la asociaba al
chavismo arguyendo que no tenía intención de espantar las inversiones
extranjeras, tampoco de estatizar algunos sectores privados y que respetaría la
independencia del Banco Central de Reserva del Perú (BCR). Y aún así fue el
principal blanco del terruqueo[5].
Castillo, en cambio, silenciosamente y usando a Mendoza como escudo, llevó una
campaña exitosa por el centro, sur y oriente del país. Sus escasos 3 o 4 puntos
porcentuales invariables a lo largo de casi toda su campaña no despertaba
ninguna alarma. Dije casi, pues los últimos 7 días previos a las elecciones,
encuestas encubiertas daban a conocer un reacomodo en la placa tectónica
electoral, registrándose un terremoto de intensidad de 12 % a favor de Castillo[6]. El cataclismo fue
confirmado de manera oficial por la Oficina Nacional de Procesos Electorales
(ONPE) que le adjudicó a este último un sorprendente 18.92 %. Como decía Carlos
Iván Degregori (2000: 21): “Mi país es una montaña Rusa”.
Siguiendo
esta explicación, hoy, en una entrevista para el sitio Web del diario La
República, Hugo Otero (2021) ha
equiparado el Estallido Social en Chile del 2019 con la victoria de Castillo en
la primera vuelta, puesto que él también encarna un “símbolo de la protesta,
del cambio, de la esperanza” con la salvedad de que aquí “los sectores
populares están utilizando el voto y la democracia, no la violencia” para
incidir en el poder[7].
Diría que esta actitud, más que sostenerse en una tradicional participación
democrática es una muestra de los límites del temperamento preponderantemente
conservador de la idiosincrasia peruana puesta a prueba por el actual modelo.
Ojalá la señora Fujimori no alcance a leer las recomendaciones que Otero, ad
honorem, apunta en la misma entrevista:
“(...) si ella no cambia su discurso, no reconoce al Perú que padece, que está desocupado, que tiene muertos en sus casas, y dice “ha sido un error el terruqueo porque esos peruanos son dignos”, va a perder la elección abrumadoramente”.
Sinceramente,
creo que si aun así se percate del favor que le ha hecho Otero -que es más
inteligente que cualquiera de sus asesores o jefes de campaña- sólo
reaccionaría con una risita. El veneno ya no sólo está en su cuerpo, sino que
se esparce por el sistema sanguíneo de sus adeptos. Por más que en los
siguientes días baje el ritmo de su prédica apocalíptica, no podrá frenar a sus
apóstoles que, en muchos casos, son más papistas que el papa. Y si las cosas
siguen así, sin duda Keiko Fujimori se condena a fallecer de una sobredosis del
veneno que ya no puede seguir transmitiendo a otras personas: el miedo.
Hasta
el presente, cuando la ciudadanía toma las calles en son de protesta, repite un
mantra cada vez que se hace manifiesta la acción represiva policial: “Aquí y
allá, el miedo se acabó”. Arqueológicamente, la frase deviene de las primeras
manifestaciones en contra del régimen autoritario y corrupto de Alberto
Fujimori a fines de la década del 90, cuando ya había noticias del grupo paramilitar
Colina y de su especialidad en desaparecer estudiantes, profesores,
dirigentes sindicalistas, líderes sociales y campesinos. De aquella época
también procede el clásico y vigente mantra de: “somos estudiantes, no somos
terroristas”. Vale mencionar que los mantras no se enmarcan en la religión
cristiana y desconocen de toda estructura trinitaria.
¿Qué tanta sorpresa hay en ver ubicada a Fujimori hija en el segundo puesto del podio de la ONPE? Lo digo porque a simple vista luce algo inaudito y ha dejado desconcertados a muchos opinólogos, expertos y periodistas locales. Después de todo, enterados estamos del imperio del terror que fue el fujimorato y no sólo eso, sino que también conocemos las gracias de su verbo encarnado -que constantemente tiene que estar pidiendo permiso al poder judicial para salir de Lima a hacer campaña-.¿Por qué entonces sentimos que nuevamente el fujimorismo nos estalla en la cara? Es un misterio que tampoco se explica por el congelamiento de las preferencias electorales hacia Keiko. ¿Tendrán algo de responsabilidad en este desentendimiento los expertos que han tomado la hegemonía de la opinión pública produciendo discursos sin base social? ¿Alguna culpa para las replegadas Ciencias Sociales? En fin. Guardemos la calma. Miremos las propias cifras que los expertos usan como instrumentos legitimadores de verdad. En los comicios de la primera vuelta del 2016 donde Keiko también logró pasar a segunda vuelta, capturó 6 115 073 millones de votos (39 % del total), mientras que el pasado 11 de abril apenas 1 930 121 (13.4 %) personas votaron por ella. Hay 4 184 952 razones para estar más tranquilos. Repite conmigo: No hay fujimorismo que dure más de 30 años, ni sistema político que lo resista (?). La previsible derrota de Keiko Fujimori el próximo 6 de junio ¿marcará también el fin del estilo de hacer política a punta de fantasmas del pasado que propaguen el miedo? Soy muy ingenuo en preguntarme eso pero, por si acaso: Amén.
[1] Basándonos en la
periodificación que Carlos Iván Degregori (2000) hace del fujimorato como:
Fujimorismo temprano o protofujimorismo (1900-1992), Fujimorismo clásico o
victorioso (1992-1996), Fujimorismo tardío, epigonal o descomposición (1996-
fraude electoral de mayo del 2000) y Fujimorismo sepulcral o post-mortem.
Degregori por entonces suponía que el Fujimorismo tenía sus días contados. En realidad, ha quedado demostrado que posee un asombroso poder regenerativo además de muchas cabezas -partidos fachadas- como las hidras.
[2] Ni siquiera las principales
empresas encuestadoras (IPSOS, DATUM y CPI) -acusadas por los mitos populares
de crear o inflar candidatos de derecha- niegan el primer lugar a Pedro
Castillo por un amplio margen porcentual frente a Keiko Fujimori. Entre las que
son más dadivosas con esta última, pues la mantienen con la esperanza de
revertir el podio, destaca IPSOS que el 19 de abril le otorgó un 31% frente al
42% de su contrincante; y CPI que en su última encuesta del 25 de abril
dibujaba un 23.1 % contra un 35. 5 % que devolvía a Castillo su mortalidad. La
encuesta de Datum publicada el 23 de abril, mantiene porcentajes más mesurados
con una relación de 26% - 41% a favor de Castillo; mientras que, por otro lado,
la reciente encuesta publicada el 25 de abril por el IEP -la think tank
más representativa del Perú que este año se estrenó como encuestadora- debe ser
la que más causa carraspera a la “Señora K”, -alias con que la conocen sus
amigos jueces y ex congresistas en el mundo del clientelismo- pues la hunden en
casi un irreversible 21.5 % frente al 41.5 % de su rival.
[3] Por cierto, es imposible no
asociar este último elemento con los báculos que aún usan las autoridades de
comunidades campesinas como símbolo de poder -recordemos que Castillo, además
de docente, es rondero-. Es también un elemento reiterativo de la iconografía
precolombina andina. ¿Casualidad o astucia simbólica?
[4] Ahora que tomé un descanso para
almorzar, encendí la TV y el noticiero advertía que solo quedaban 35 nichos en
el Cementerio El Angel. Ubicado en el margen del antiguo Cercado de
Lima, aquel futuro museo -como sucedió con el primer cementerio de Lima, el
Presbitero Maestro, cuando se llenaron sus plazas-, recibirá a sus últimos
“afortunados” en poder descansar allí, pues estos evitaran que sus visitantes
vayan a dejarles flores a otro camposanto más lejano.
[5] Palabra popular que significa la
acción de atribuir o asociar a un programa terrorista cualquier acto, opinión,
propuesta política o ideológica con objeto de desligitimarlo o desautorizarlo.
En el tiempo del Conflicto Armado Interno, las fuerzas del orden usaban el adjetivo
peyorativo “terruco” o “terruca” para identificar o señalar a personas
sospechosas de pertenecer a Sendero Luminoso o al MRTA. Cabe mencionar que, en
el Perú, el atributo terrorista sólo es reconocido en las agrupaciones
subversivas anteriormente mencionadas y no en el Estado peruano. Pese a que
Alberto Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión por delitos como la
violación a los Derechos Humanos durante su mandato, el término “terrorismo de
Estado” no entra en la memoria oficial del conflicto. En todo caso hay que
tener mucho cuidado si uno se atreve a mencionarlo expresamente pues puede ser
automáticamente identificado en el bando contrario y de acuerdo a la nueva Ley
de Apología al terrorismo, plasmado en el Código Penal Peruano, puede recibir
una condena no menor de cuatro ni mayor de 8 años de pena privativa de la
libertad.
[6] Existe una versión conspiranoica
nada desestimable. Aquella señala que las encuestadoras ocultaron todo este
tiempo el porcentaje real de Castillo con el fin de contener el avance de la
izquierda e incidir sobre la preferencia de los electores por algún candidato
de derecha. No es desestimable porque los resultados de cada encuestadora a
diferido enormemente de la otra en toda esta campaña generando sospechas y
perdiendo la confianza de la población. ¿Sorpresa o simulada realidad
adrede?
[7]
Otra salvedad: Castillo es ajeno y hasta se ha mostrado en contra de las
demandas progresistas por el reconocimiento a las diversidades sexuales y a
programas de la agenda feminista como la libertad de las mujeres sobre sus
cuerpos (legalización del aborto) que si ocupan un espacio trascendental en la
protesta social del vecino país del sur.
Bibliografía
Degregori, C. (2000). La década de la antipolítica. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
Otero, H. (27 de abril de 2021). Hugo Otero: “Más que un candidato, Castillo se está transformando en símbolo de la protesta”. Obtenido de Sitio Web del Diario La República: https://larepublica.pe/elecciones/2021/04/27/hugo-otero-lanzarotti-mas-que-un-candidato-castillo-se-esta-transformando-en-simbolo-de-la-protesta-pltc/?utm_medium=Social&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR2Ybyt10L4VczdLh-b0Ahp5uZ255boQIFmCYR-BlU4i9dPlA8SemU0YW
Partido Político Perú Libre. (2021). Obtenido de Ideario y Programa 2021: https://apisije-e.jne.gob.pe/TRAMITE/ESCRITO/2108/ARCHIVO/FIRMADO/9716.PDF



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