PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA obra TUSM. Datos, entrevistas y anécdotas
Prohibido suicidarse
en primavera fue la
última puesta en escena presencial del TUSM, antes de que la pandemia obligue
los cierres de los teatros. Durante
casi dos años, los actores y actrices del TUSM no han pisado el escenario de su histórica sala ubicada en el Jirón Lampa 833. Con la idea de pronto
volver a reencontrarnos y de activar las ansias por hacer teatro, traemos a la
memoria las vivencias, reflexiones y anécdotas que nos dejó la puesta en escena
de esta obra escrita por el dramaturgo español Alejandro Casona y dirigida por
Augusto Cáceres.
Desde su reapertura en el 2016, la sala del
TUSM se ha ido consolidando como una de las salas de teatro más concurridas de
la escena local, lo cual evidencia la demanda de más espacios artísticos en el
Centro Histórico de Lima. En la última temporada de Prohibido suicidarse en primavera realizada en febrero del 2020,
las largas colas para conseguir un ticket podrían incluso llegar hasta el Jr.
Apurímac. Por demanda del público se dispuso la extensión de su temporada, e incluso, la realización de
dos funciones en un solo día. Las personas que no alcanzaban ticket para la
primera función tenían que esperar una hora y media para conseguir ticket para
la segunda. Después de ello, esperar con suerte que, por alguna emergencia, la
butaca de alguien se libere.
El suicidio y su incidencia en la comunidad
universitaria sanmarquina
A través del teatro, los espectadores y actores
confrontan y ponen sobre la mesa las verdades a medias, las verdades completas
y las falsas verdades contenidas en nuestra cultura y sociedad. El tabú del suicidio
es uno de los temas centrales de Prohibido
suicidarse en primavera. En la magistral dramaturgia de Casona se combinan
los elementos trágicos de este asunto, con una fina e inteligente comedia. Sin
atisbos de caer en la trampa de la banalización, la obra provee de ciertos
momentos reflexivos y afectivos que permiten la actualización y sensibilización
de aquella problemática. Lo cierto es que, lamentablemente, la experiencia
universitaria está en muchas ocasiones ligada con el suicidio.
Cabe llamar la atención sobre los hallazgos de
Perales et al. (2019)[1]
en relación a la incidencia del suicidio en la comunidad sanmarquina. De un
total de 1819 muestras recogidas de estudiantes entrevistados en el 2015,
advierte que el 22% de los mismos presentaron ideación suicida y al menos un
11% intentaron suicidarse. De estos últimos, solo el 16% buscó ayuda
profesional, un 22% pidió ayuda a algún familiar y un alarmante 62% no se lo
comunicó a persona alguna. Respecto a los motivos que les llevaron a tomar
dicha decisión, un 39% lo hicieron por conflictos con sus padres, otro 30% por
problemas en los estudios, 20% por decepciones amorosas y un 18% por aprietos
económicos. Además, un 8% de las estudiantes que intentaron suicidarse habían
dado a luz o experimentado un aborto en los tres meses previos a la aplicación
de las entrevistas. Más preocupante aún,
es que 21% del total que intentaron suicidarse consideren repetir el intento,
indicando que el factor causal no ha sido superado.
Por todo ello, los autores concluyen que las
prevalencias de conducta suicida en los estudiantes de la UNMSM son mayores que
las halladas en la población general de acuerdo a las Encuestas Nacionales de
Salud Mental en Lima Metropolitana del 2002 y del 2012.
La importancia del
arte en la lucha contra el suicidio
El impacto y no disminución del estrés por múltiples causas, además de las vulnerabilidades biológicas, psicológicas, sociales y espirituales, repercuten en la capacidad de resistencia del individuo dando origen a las conductas suicidas o, peor aún, a la consumación del acto (Perales et al., 2019). Por tal motivo, destacamos la importancia de los espacios para la actividad artística como el teatro, pues mediante el arte las personas solazan sus cargas de tensión cotidianas, reconfortan su autoestima e inician nuevos procesos de inserción social. El TUSM pretende ser un lugar para el disfrute de la experiencia teatral con el fin de proveer bienestar a los estudiantes sanmarquinos. Muchos de los miembros del elenco -como se verá en las entrevistas y testimonios que componen este artículo- encuentran en el teatro una herramienta para la superación de múltiples problemas personales y sociales. He ahí la importancia de un pronto retorno a la presencialidad, para seguir acompañando, enriqueciendo y humanizando, a través del teatro, los procesos de formación profesional de nuestra comunidad universitaria.
Empecé la construcción de mi personaje mediante
un acercamiento emocional hacía Juan. Traté primero de entender y sentir
empatía por él. Me adentré en la comprensión de la pulsión e intención que mi
personaje comunicaba entrelineas. Una
herramienta que mis compañeros me compartieron y que me sirvió de mucha ayuda fue
imaginar el pasado de mi personaje, es decir, imaginar las circunstancias
anteriores que le habían movilizado hasta una determinada circunstancia o
decisión. En la medida de lo posible, intenté salir de mi mismo para meterme en
la piel de Juan, sin embargo, un pedacito de mí siempre se fundía con él.
Nuestra labor detrás del telón es formidable y
creo necesario que lo sepan. Además de nuestro rol interpretativo teníamos
otras responsabilidades antes, durante y después del espectáculo de nuestra
obra. Previo a la función, nosotros mismos nos encargábamos del montaje. Verificábamos
que las luces y los objetos que usamos en escena estén correctamente ubicados
para su uso. También nos ocupaba estar pendiente del texto de los demás
compañeros que, a veces, por estar, o demasiados enfocados emocionalmente en su
escena, o sobrecargados de preocupaciones cotidianas, solían olvidarse de sus
diálogos. De igual manera, nos dábamos aviso del desarrollo de la obra para
saber en qué momento intervenir. Al finalizar la obra –y no importaba si la
función terminaba a las 11pm- también nos encargábamos del proceso de desmontaje.
Algunos actores regresaban a sus hogares con paquetes enormes de ropa cuando
nos tocaba hacer funciones en teatros de otros distritos. Incluso, a veces,
teníamos que regresar a media noche al TUSM para guardar los elementos que
habían sido transportados.
Disfrutaba mucho actuar en Prohibido suicidarse en primavera porque en la obra se mezclaban personajes
rotos con otros que mantenían las esperanzas intactas. En ese sentido había
momentos súbitos de tragedia y comedia. La tensión se acumulaba para luego
liberarse cuando emergía la comedía. Al final de la obra, el público se nos
acercaba y nos compartía sus emociones vividas durante la función. Recoger esas
experiencias reconfortaba nuestro trabajo.
He sido feliz en el TUSM. Fue un refugio a mis
problemas cotidianos donde, además, pude conocer a personas igual de locas que
yo. Durante esta pandemia ha sido
imposible el teatro. Si bien otros compañeros han seguido formándose como
actores a través de la virtualidad, yo opté por otras actividades. Estos dos años
de encierro me han servido para realizar una búsqueda a nivel espiritual.
Siento que soy una persona diferente a como era antes de la pandemia. En ese
sentido, regresar al teatro será una actividad muy especial y emotiva. Especial
porque quiero plasmar mi exploración introspectiva en mi personaje de Juan.
Siento que ahora lo comprendo mejor. Y emotiva porque volver al teatro después
de una pandemia y reencontrarme con mis compañeros es tener la dicha de una
segunda oportunidad.
Con Chole fue como un amor a primera vista.
Recuerdo que leí el libreto por primera vez en el bus, regresando a mi casa
después del trabajo y no pude contener las lágrimas. Soy una persona muy
sensible y en ese momento el personaje de Chole me conmovió. Además de ella,
también me sentí identificada con Alicia. Con ambas tuve la sensación de
mirarme frente a un espejo. No tengo tanta experiencia en el teatro ya que
apenas he actuado en un par de obras, pero creo que siempre recordaré a esos
dos personajes de manera muy especial. Finalmente sería a Chole a quien daría
vida.
Interpretar a Chole ha sido un torbellino de aquellas
emociones que experimenté en mi primer encuentro con este personaje y que traté
de mantener intactas en cada función. En ese aspecto, soy muy terca. Me
preocupé de que el público tenga la misma sensación que tuve yo cuando leí la
obra por vez primera, lo que a veces me llevaba a tener conflictos con mis
otros compañeros que no compartían el mismo punto de vista. Sin embargo,
siempre negociábamos y llegábamos a un acuerdo sobre el planteamiento de una
escena o la reacción de un personaje. Aun así, creo que he podido compartir al
público un poco de la imagen ideal que tenía de Chole.
Recuerdo el comentario de una persona que se
sintió enganchada con la obra de principio a fin. En especial le gusto el
personaje de Juan interpretado por Renzo Quevedo. También recuerdo la reacción
de una chica que, tras la función, me abrazo y me dijo que le había hecho
llorar. Obviamente sentí mucha satisfacción al saber que había conseguido mi
objetivo de transmitir las emociones de Chole al público. El público ha sufrido
con nosotros durante toda la obra. Cuando Chole decía su monólogo antes de
suicidarse, escuchaba que el público decía: “pobrecita, no lo hagas”. Al final
de todas las funciones me sentía extremadamente cansada, como si todo el día
hubiese hecho mucha actividad física que ocupase todas mis fuerzas. Luego
entendí que era por la presión emocional que vivíamos durante una hora y media
que duraba la obra.
Debido a que somos un elenco extenso,
difícilmente podíamos coincidir todos los actores en los ensayos. De ahí que
acordábamos ensayar ciertas escenas por separado de acuerdo a la disposición de
los involucrados. Por otro lado, durante la función, suceden detalles detrás
del telón que son relevantes de mencionar. Chole se cambiaba tres veces durante
toda la obra, al igual que lo hacían otros compañeros, por lo que siempre debía
de primar el orden en el camerino y para ello nos asignábamos ciertos roles
específicos. De igual modo, en un
momento de la obra, Chole decide suicidarse ahogándose en un lago, pero es
rescatada a tiempo por Juan. La propuesta del director fue que yo debía de
ingresar mojada a escena. Para ello, previamente debía de correr al baño y
alistar un balde con agua para que Renzo (Juan) y yo nos mojáramos simulando dicho
rescate. Por otro lado, el silencio es un elemento muy importante para mí. Me
permite concentrarme antes de salir a escena. Mis compañeros, entre todas las
labores que realizaban tras bambalinas, a veces lograban sacarme de personaje.
Poco a poco fuimos encontrando la manera de reducir el bullicio sin descuidar
nuestras tareas. Cabe mencionar que, al finalizar la obra, en nuestro espacio
de diálogo, hacíamos una autocrítica de nuestro desempeño, e incluso pequeñas
llamadas de atención en pos de seguir mejorando nuestro espectáculo.
Volver hacer Prohibido suicidarse en primavera después de una pandemia será muy emotivo. Me gustaría seguir experimentando con nuevos elementos para mi personaje. Ahora, tengo otras pulsiones respecto a Chole y me gustaría trascender aquella primera imagen que construí de ella. El teatro es un terreno cargado de conflictos, es un aspecto necesario en nuestro trabajo. En conflicto he conocido más a las personas y a mis personajes. Reencontrarnos después de dos años será también reencontramos en nuevos desacuerdos que nutrirán nuestra obra, tanto como nuestra amistad. Con ellos se vive en estrecha intimidad. A todos ellos, los estimo.
El doctor Roda es una persona que siempre tenía
una actitud positiva frente a los avatares de la vida. No necesariamente era
alegra, sino que tenía una fijación por buscar diversas soluciones a cualquier
problema. De modo que, fue necesario entender todos los párrafos enormes que
decía sobre su concepción de la vida y su tratamiento del suicidio. Tuve que
entrenarme en su propia técnica, así como reconocer las posibilidades y sus
límites de su personalidad. Fue todo un reto porque el doctor Roda, es el faro
o la guía de todas las personas que llegan a esta clínica de suicidas. En una
situación real, yo no sabría cómo asumir dicho rol, pero él tenía la suficiente
seguridad para hacerlo.
Si bien la obra abordaba un tema sensible como
el suicidio, lo hacía de forma ágil y fresca. En ciertos momentos de la obra
sentíamos como el público liberaba tensión. Recuerdo, por ejemplo, el final del
primer acto cuando todo el público echaba un suspiro detenido. Era motivante
saber que el público también estaba contigo viviendo la obra. Una vez, invite a
unos colegas de la universidad a ver nuestra función. Ellos esperaban que la
obra abordase el suicidio desde el típico humor negro que no respeta los
límites políticos, pero se sorprendieron al ver que la obra no era simplemente
una burla vacía sin contexto, ni mensaje.
Al finalizar la obra, teníamos la costumbre de
reunirnos para dialogar sobre los aciertos y errores de nuestra función. No era
algo planeado, sino que nacía espontáneamente por nuestra necesidad de
intercambiar experiencias e impresiones de un mismo hecho escénico, además de
comentar también las impresiones recogidas del público.
El teatro universitario requiere de un trabajo
colectivo. No solo nos encargábamos de los detalles técnicos de la obra, sino
también de recibir al público en nuestra sala. Ocupábamos diversos roles que
van desde la entrega de tickets hasta la limpieza del mismo escenario. Todas
estas acciones confluyen y hacen posible nuestro espectáculo. La logística
detrás de las bambalinas no es de menospreciar. El público no está enterado del
esfuerzo detrás de escena y tampoco tiene que saberlo, pero basta con mencionar
que el trabajo es enorme. Es importante que el trabajo visible e invisible
estén sincronizados durante toda la obra, de lo contrario ocurren los errores.
La cuarentena significó una interrupción e, incluso, una despedida de la actividad teatral para muchos de nosotros. He visto a amigos míos desesperarse porque vivían de este arte y tuvieron que dedicarse a otras actividades complementarias. En lo personal, no he podido actuar en ninguna obra virtual porque la pandemia me puso en aprietos económicos y no creo ser el único que ha pasado por esa situación. Tampoco creo ser el único que ha imaginado un regreso a lo grande al teatro escribiendo o actuando en una obra de ensueño que destruya el bicentenario. Lo cierto es que el teatro no simplemente se imagina o piensa, también necesita del ensayo, e inevitablemente, de la interacción. Por todo ello, espero con muchas ansias que el teatro vuelva el próximo año y que todos los proyectos en mente se hagan sobre las tablas. Durante la pandemia me he dedicado más a mi profesión, y no es algo de lo que me queje, pero si extraño estar involucrado en una obra de teatro. Ojalá que pronto el teatro sea posible.
Renzo Quevedo (Juan). Ciencias de la comunicación
Para construir a Juan, seguí la recomendación
técnica de nuestro director de trabajar en base a la técnica de las 7 preguntas
de Stanislavski, las cuales permiten especificar y ahondar en los detalles del
personaje. Luego, mi propia experiencia como actor, los ensayos, la relación
con los otros actores y personajes de la obra y la confrontación con el público
fueron reforzando la materialidad de Juan.
No quise descuidar el trabajo corporal el cual está anclado también al
terreno de las emociones. Las formas del afuera se aguardan en lo psíquico.
Juan era un trotamundos, un aventurero. En ese
Por otro lado, cuando construí a Juan, me fue
de gran ayuda observar los trabajos de actores de otras compañías que había
hecho el mismo papel. Creo que el artista no puede evitar sentirse influenciado
por propuestas que le impresionan. Los procesos de creación no parten de la
nada, siempre hay una imagen preestablecida, una referencia ajena, un anhelo
estético impropio, un camino que otros hicieron para ti. Y obviamente, en algún
momento posterior a la apropiación, también es necesario un acto de rebeldía.
Durante la función, me esfuerzo por mantener la
ilación emocional. Es importante cargarse afectivamente antes de salir a
escena. Cuando tengo función, me preparo psíquicamente durante todo el día. De
pronto, el personaje asalta mi cotidianidad. En mi mente resuenan las palabras
que más tarde pronunciaré en el teatro.
Durante la función, cada uno de nosotros tenía
una tarea detrás de escena. No eran siempre las mismas, sino que rotaban
ocasionalmente. Por ejemplo, si había compañeros no podían llegar a tiempo para
el montaje, se encargaban de acomodar y guardar todos los elementos al final de
la función. El orden y la colaboración eran siempre fundamentales, por ello
teníamos toda una logística detrás de escena. Nos maquillábamos en un mismo
espejo, e incluso nos cambiábamos en un mismo lugar por lo que debíamos coordinar
siempre los usos de los objetos y del espacio.
Era interesante esa convivencia con personas
que tenían sus formas particulares de maquillarse, concentrarse, hacer frente a
los nervios y salir de escena. Pudimos entendernos en nuestras diferentes
costumbres. Creo que fuimos un excelente equipo, lo que se refleja en la larga
temporada que pudimos sostener durante varios meses. Obviamente, también hemos
atravesado por diversos momentos de frustración, conflictos, cólera o tristeza,
pero, afortunadamente, pudimos superarlos mediante el apoyo colectivo. Guardo gratos recuerdos de entonces. Se vivía intensamente las emociones durante
las funciones.
Nuestro público siempre variaba. Están desde los
que trataban a la sala como un santuario hasta los profanos que se ponían a
hablar, gritar, e incluso comer durante la función. Por supuesto que nunca ha
ocurrido alguna interrupción grosera por parte estos últimos. Siempre
respetaban el límite que existe entre la butaca y el escenario. Era bastante
gratificante recoger las felicitaciones del público cuando pasábamos la gorra o
también sus sugerencias. Recuerdo el rico intercambio técnico que tuvimos con
el público ecuatoriano cuando nos presentamos en la Pontificia Universidad
Católica de Quito, o con actores ecuatorianos que estaban haciendo la misma
obra.
Se extraña mucho el vínculo con el otro que
había en el teatro. Espero que pronto se pueda retomar el contacto físico y
presencial del convivio teatral. Creo que aprendí más de la actuación
ejecutándola en un espacio real que en un medio virtual. No considero que las
nuevas propuestas de “teatro virtual” sean teatro propiamente dicho, sino que
se enmarcan más en el lenguaje audiovisual. En el entorno virtual el actor no
puede percibir las reacciones del público y peor aún, el lenguaje corporal de
su compañero en escena. No obstante, cuando
regrese el teatro presencial al TUSM no será el mismo teatro que hacíamos antes
de la pandemia. En dos años hemos cambiado muchísimo. El cúmulo de nuestras
experiencias nos hará relacionarnos de modo diferente y lo mismo sucederá con
nuestros personajes.
Paola Peralta (Cora Yako). Contabilidad
Yo interpreto a Cora Yako. Es una cantante de ópera bastante alegre y extrovertida.
Fue un reto enorme porque su personalidad difiere bastante con la mía. Primero
realicé un estudio profundo del libreto y luego comencé a investigar sobre los
perfiles de las cantantes de la década del 50 y 60. Me interesé por rescatar
sus posturas, vestuarios, maquillajes y looks elegantes. Poco a poco fui
encontrando elementos que fueron materializando la apariencia de mi personaje,
como unos guantes, un chal de plumas y una cartera. En cada presentación
llegaban elementos nuevos para ser puestos a prueba, lo cual también refrescaba
mi interpretación. Cora Yaco se fue construyendo también por la relación que mantenía
con El Amante Imaginario interpretado
por nuestro compañero José Luis. Él
aportó muchísimo con su personaje en la construcción del mío. Siempre venía con
ideas para hacer resaltar ambas personalidades en la medida de que eran
bastantes opuestos.
La obra ha sido un sube y baja de emociones. De
escenas dramáticas transitábamos a otras de comedia. Percibíamos momentos donde
el público se ahogaba en cierta tensión y, luego, echaba un sonido de sorpresa
o reía sin control. Sentimos que el
público pudo captar las diversas emociones e intenciones contenidas en cada
actor. Mis escenas eran bastante refrescantes porque eran momentos de comedia
que hacían llevadera la obra.
El teatro ha estado en pausa durante dos años.
Ha sido un tiempo bastante largo. Antes de la pandemia teníamos muchos
proyectos con Prohibido suicidarse en
primavera. Fue una pena, por ejemplo, no haber hecho funciones por el Día
Mundial del Teatro. De modo que, no
puedo negar la emoción que tengo cuando escribo estas palabras. Tantas
vivencias de la obra me asaltan de repente. Tengo muchas ansias de que volvamos
pronto al teatro, de volverme a encontrar con mis compañeros después de todo
este tiempo. Seguramente volcaremos nuestros nuevos saberes y vivencias en
nuestros personajes. Será un proceso bastante enriquecedor volver a convivir
con todos ellos. Los veré pronto en el teatro, hasta entonces espero que vayan
repasando sus libretos.
EN INTIMIDAD: ANÉCDOTAS DE PROHIBIDO SUICIDARSE EN PRIMAVERA
Anédota 1: Un apagón que nunca ocurrió
-Milagros Cáceres (Chole): Recuerdo una función donde luego de dar mi monólogo sobre el porqué me
iba a suicidar, tenía que hacer el gesto de tirarme a un lago. Se suponía que
inmediatamente después se apagaban las luces por completo. Pero ese día no sé
qué le había pasado al director de nuestra obra, el cual también estaba
encargado de las luces, que cuando yo hice el gesto de lanzarme, las luces no
se apagaron. Yo me quedé en el suelo esperando que las luces por fin se apaguen,
pero estas nunca lo hicieron. No me quedó más remedio que salir gateando
despacio del escenario. (Risa)
-Paola Peralta (Cora Yako): Estábamos preocupados y nerviosos porque no
sabíamos cómo terminar esa escena. Pero Milagros lo supo resolver. (Risa)
-Augusto Cáceres (Director): Ese día había tenido ensayo y función. Estaba cansadísimo. El primer acto además duraba 40 minutos. Me había quedado dormido en la cabina. De pronto escuché el golpe de la caída de Milagros y cuando desperté ya no había nadie en escena. Hasta a mí me pasa…
Anécdota 2: Beso robado
-Milagros (Chole): Chole jugaba cariñosamente con Fernando (Joe) en varias escenas de la
obra. Como tenía bastante confianza con Joe, no fue difícil jugar al rol de
enamorados. Sin embargo, no sucedía lo mismo con Renzo (Juan). Un día el me
propuso robarme un beso en una escena que tenía con Juan, a lo que le respondí
que era innecesario y que bastaba con un sutil acercamiento para que el público
interpretara que él estaba enamorado de mí. Renzo siguió insistiendo y yo le
volví a recalcar mi posición. Habíamos marcado nuevamente el acercamiento sin
el beso antes de salir a función, pero ya en escena, el me robó un beso.
(Risas) Recuerdo haber estado renegando durante toda esa función.
-Renzo
(Juan): Creo que, para la próxima, debemos ensayar mejor el beso (Risas). Bueno,
es cierto que no estaba ensayado, pero cuando uno actúa, a veces se dejar
llevar por las emociones que vive en escena. Traté de ser orgánico y dejarme
llevar por lo que sentía en ese momento. Milagros se molestó conmigo, pero
luego lo conversamos y ahí dejamos el tema. Aparte creo que no fue una
catástrofe para ella (Risas). Además, Milagros se ha besado varias veces con
otros actores, entonces ¿Por qué no lo puede hacer conmigo? (Risas).
Anécdota 3: “Entrégame eso que tienes abajo”
-Renzo (Juan): Nunca olvidaré la comedia que hicimos con Jackeline
al final de la obra. Ella es inevitablemente graciosa. Cualquier texto en
apariencia inofensivo, cuando ella lo pronuncia, se carga de un doble sentido.
Yo estaba en escena y tenía una pistola escondida detrás de un escritorio,
entonces ella tenía que ingresar e impedir que yo me suicide. Era una escena de
alta tensión, o se suponía que tenía que serlo, pero cuando ella ingresó y dijo
su texto: “Entrégame eso que tienes abajo”, ambos nos quedamos mirando
extrañamente y el público estalló en risa. Nosotros tampoco pudimos contener la
risa y nos vimos obligados a romper con el personaje. Esa función terminó al
estilo de una obra de Ricky Tosso.
-Jackeline Faustino (Alicia): La idea era que yo evite el suicidio. En los
ensayos todo estaba muy claro. No había espacio para las malas
interpretaciones. Creo que lo dije en un tono que no era el adecuado. Peor aún,
luego me quedé mirándolo y la risa de Renzo hizo imposible que yo contenga la
mía. Menos mal era la última escena porque incluso nos seguiamos riendo cuando
abandonamos el escenario.
-Miguel (Dr. Roda): Aquella anécdota yo la había olvido por completo. Pero ahora que la
recuerdo, esa función era importante porque justo ese día había invitado a mis
colegas de la universidad a ver nuestra obra. No me dejaron de mencionar esa
escena por las semanas siguientes.
-Paola (Cora Yako): Recuerdo haber estado con José Luis (El amante Imaginario) detrás de
escena y ambos nos matábamos de risa.
[1]
Perales et al., 2019. Prevalencia y
factores asociados a conducta suicida en estudiantes de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, Lima-Perú. An Fac med. 2019;80(1):28-33. DOI: https://doi.org/10.15381/anales.v80i1.15865n
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