HACER LO JUSTO Y LO CORRECTO entrevista a Augusto Cáceres

Entrevista a Augusto Cáceres sobre la obra Prohibido suicidarse en primavera, su labor como director del TUSM y su afinidad con la muerte

Realizado por Kevin Rodríguez, jueves 2 de diciembre del 2021 

¿Por qué Prohibido suicidarse en Primavera de Alejandro Casona?

El asunto del suicidio es un tema lamentablemente siempre en boga. En el teatro retratamos a la muerte a través de la vida, intentamos dar un brillo a las decisiones fatales de los personajes. Es curioso pero la muerte es inseparable del romance, la locura, el amor y desenfreno. Al final, el suicida, no es la persona que no quiere vivir, sino la que más ama a la vida. Poner esta problemática sobre la mesa y que sea precisamente asumida por los jóvenes universitarios que integran nuestro elenco es importante porque ellos forman parte de una sociedad convulsionada por la violencia de la que muchos de ellos buscan escapar. En su ímpetu juvenil, afrontan los procesos de cambios más profundos y entienden que las etapas se cierran para dar inicio a otras. El suicidio es un punto final a todo, en ese sentido, esta obra se justifica en el aprecio de la vida como una hermosa posibilidad de seguir contando nuestras historias. El teatro es una herramienta que canaliza nuestras frustraciones a través de la representación de un relato. La muerte es simplemente el silencio. 

¿Cuál fue tu primer acercamiento con Alejandro Casona?

Alejandro Casona es un clásico del teatro español, gran dramaturgo y comediante. Escuché de él por primera vez cuando era estudiante en la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático (ENSAD) gracias a mi ex profesor Leonardo Torres Descalzi. Él, junto a su esposa, Lola Vilar integraron la Gran Compañía de Comedia muy sonados durante los años ochenta. Lola además fue mi primera imagen de una actriz española. Leonardo tenía mucha influencia del teatro español por influencia de Lola. En sus clases siempre nos acercaba al teatro español, al corral de comedias y a Alejandro Casona a quién mencionaba con especial grandilocuencia. Lamentablemente no trabajé con Leonardo en obra alguna, pero si pude observar su riquísimo trabajo como director cuando montó Médico a palos de Moliére.

¿De qué manera regresa Alejandro Casona en tu labor como director del TUSM?

Una actriz de nuestro elenco me compartió el texto de Prohibido suicidarse en primavera. Mi primera reacción fue de rechazo porque por entonces en el TUSM estábamos montando La casa de Bernarda Alba de García Lorca y me pareció que hacer otra obra donde se hable del suicidio era reiterativo y denso, pero como cada actor que viene al elenco siempre llega movido por sus intereses personales, no faltaron quienes quisieron y me reclamaron la producción de dicha obra. De pronto, aparecieron más actores con perfiles interesantes para cada personaje y, entonces, me decidí a realizarlo.

La muerte es un elemento muy reiterativo en tu labor creativa con tu colectivo Pucayacu y como director del TUSM. ¿Cuál es tu conexión con ella?

Parte de mi propuesta e identidad creativa es hablar de la muerte a través de la vida, o de la vida a través de la muerte. Recuerdo que cuando era niño se me repetía siempre el sincretismo de diversos elementos como una virgen, la tierra, los espíritus y los muertos. Mi madre nunca me exhortó a persignarme ni a rezar, ni a pedir favores a Dios o a la virgen. Según ella, a quién debía solicitar cualquier asunto era a las “ánimas benditas del purgatorio”, y cuando lo hacía, encontraba aquello que había perdido o sucedía lo que estaba anhelando. Yo, por supuesto también lo combinaba con la persignación para que me resulte aún más. Viví esa magia desde niño. Por entonces no entendía que era la fe, se trataba simplemente de una costumbre. Más adelante comprendí que no era tan católico, ni apegado a la religión, pero si descubrí que tenía una cuestión muy ligada a la muerte. De ahí mi conexión e interés por las estéticas fúnebres, los espíritus, los desaparecidos, las ánimas que rondan sin ser enterradas y las personas que han muerto injustamente. Ratifico también siempre una conexión especial con Jim Morrison cuando en su película, en una de las primeras escenas, sintió que de niño se le metió el espíritu de un Chaman. Las mismas energías sentí yo de niño. Ahora, adulto soy consciente de aquellas implicancias espirituales. Tengo tías que son sanadoras y me han curado de daños. También he experimentado la sanación a través del temascal. Cargo entonces con un legado y una identidad proveniente de la muerte, sumado también a la vida que se materializa en la fiesta y la tunantada. Mi trabajo escénico refleja esta búsqueda, tanto en la exploración estética de Pucayacu, como en los temas que se representan en el TUSM.

Tanto la vida como la muerte aguardan belleza y requieren respeto. Los católicos tienen una frase muy curiosa cuando se unen en matrimonio que es “hasta que la muerte nos separe”. Pienso que la muerte simplemente nos separa corporalmente. Toda esta fantasía que viví de niño, hace que siga imaginándome dentro de un plano espiritual y que, en suma, siga haciendo teatro. La muerte es un imaginario real y la pandemia nos lo ha demostrado. Tanto ricos y pobres la han experimentado y ahora estamos en equidad con ella. Desafortunadamente, no sucede lo mismo con la vida. Hemos seguido ampliando la vorágine del consumo y su consecuente contaminación ambiental, a la vez que ha proliferado el desprecio por el otro.

Regresando al asunto de la obra ¿cuál crees que ha sido su finalidad con él público?

Los actores y actrices, si bien han canalizado sus frustraciones en la obra, también han sido conscientes de haber tocado un tema bastante sensible en la sociedad. Es importante que ellos perciban que hablan en un mismo lenguaje con su público. Al final de las funciones el público sube al escenario a tomarse una foto con ellos o a dialogar sobre sus experiencias y cercanías al tema del suicidio o la soledad. 

¿Cómo funciona la comedia de Casona en esta obra?

La obra ilustra una clínica de rehabilitación a la que acuden personadas diagnosticadas con depresión y que no son tomadas en cuenta por la sociedad. La dramaturgia de Casona es maravillosa porque junta a todos estos potenciales suicidas con Chole y Fernando, una pareja de reporteros recién casados que tienen toda la alegría de la vida. Lo interesante de Prohibido suicidarse en primavera es que al final de la obra nadie se suicida. La comedia de Casona plantea el giro del fatalismo hacia el amor a la vida. Todos los personajes terminan salvándose de la muerte. El doctor Roda abandona la clínica porque su negocio fracasa ante la ausencia de suicidas.

¿Qué dificultades has encontrado para su montaje?

La obra originalmente es bastante extensa. Tiene una duración de aproximadamente una hora con 40 minutos. Por ello, se dan diversas propuestas que excluyen escenas de acuerdo a la intención de cada director. Los actores y actrices del TUSM han tomado elementos de diversas propuestas para construir la suya propia. Por otro lado, el teatro universitario tiene la particular problemática de la coincidencia de horarios, debido a que también, la mayoría de nuestros actores estudia y trabaja al mismo tiempo, no obstante, siempre encontramos espacios en los que podemos coincidir.

¿Cuál es la dinámica o el proceso para el estreno de una obra en el TUSM?

En el TUSM trabajamos siempre con una agenda definida y cronogramas de funciones. El proceso de montaje de una obra dura aproximadamente entre 5 y 6 meses. La parte de entrenamiento físico lo realiza la profesora Cristina Lozano, mientras que yo me encargo del montaje. En el primer encuentro que tengo con los actores organizo una lectura dramatizada donde se recoge al mismo tiempo sus impresiones y comentarios de la obra. Posteriormente, y ya asignados los personajes, exijo como primera tarea que se aprendan el libreto. Es primordial que sepan lo que van a decir, para que luego se pregunten sobre el cómo lo van a hacer. Seguidamente, otorgo libertad para que los actores planteen su propio desenvolvimiento en escena. De modo que no trato de marcar las acciones, sino que me limito más a corregir algunos errores básicos como la postura u otras cuestiones técnicas para agilizar la secuencia de acciones. Siempre tenemos una fecha fija de estreno a la que tratamos de llegar con una consolidada propuesta escénica.

¿Qué sucede si la obra no está formalmente terminada?

Si la obra aún no está del todo elaborada, también se exige a los actores que se confronten con el público. Mi objetivo con el teatro universitario no es la creación de una obra “bien hecha”, sino que cada joven actor, con poca o mucha experiencia, se pare en el escenario y viva dicha experiencia. Luego ya le sobrecogerán muchas preguntas y dudas sobre aquel primer acercamiento e incluso, sobre un posible camino dentro de este arte.  Los miembros del elenco cargan con muchas responsabilidades cotidianas como el estudio y el trabajo, en ese sentido, el teatro no puede ser una carga adicional, sino la oportunidad para liberarse de todas las obligaciones que le impone la sociedad. Si posterior a esta experiencia, emerge en ellos la necesidad de complejizar su trabajo actoral y vislumbran al teatro en sus planes futuros, se les va entrenando de modo diferenciado asignándoles nuevos retos.  El TUSM ha sido el primer paso de muchos artistas escénicos que luego migraron hacia la búsqueda de nuevos talleres, maestros e instituciones especializadas.

¿Crees que el teatro peruano se caracteriza por estar “bien hecho”?

La reflexión que tengo del teatro peruano es que simplemente tiene que hacerse, antes que “hacerse bien”. La mayoría de los jóvenes tiene esa presión de hacer bien las cosas. Pienso igual que “El ángel del oxígeno” que cuando le preguntaron sobre el porqué vendía balones de oxígeno a un módico precio, respondió; “Yo hago lo justo y lo correcto”. Hace falta mucha de esa modestia en el teatro peruano.

¿Qué repercusiones ha generado Prohibido suicidarse en primavera?

La obra ha sido dos veces repuesta con diferentes elencos, y por ende ha contado con dos propuestas completamente distintas. Previo a la pandemia, la sala del TUSM colapsaba de público. Incluso hemos llegado a hacer dos funciones en un solo día. Las personas hacían largas filas y esperaban una hora y media para conseguir una entrada a la segunda función. La obra había empezado a cobrar notoriedad en algunos medios y diarios conocidos. Los actores habían incorporado un ritmo de funciones semanales debido a que la temporada se sostuvo por varios meses. A veces, lamentablemente, las funciones coincidían con sucesos que actualizaban el tema de la obra que es el suicidio y notábamos la necesidad manifiesta del público de dialogar sobre un asunto sumamente preocupante como es la salud mental.

El TUSM, desde su fundación a mediados del siglo pasado, ha tenido y tiene un rol importante en la democratización y popularización de las artes escénicas en el Perú. ¿Crees que esta labor es constitutiva de su identidad?

Sí, y se ve reflejado también en nuestro particular y heterogéneo público muy propio de la diversidad de identidades que habitan el centro histórico de Lima. Por otro lado, la recurrente asistencia de un público familiar nos animó a realizar funciones vespertinas de teatro para niños. Es importante además resaltar que la presencia del TUSM en el centro histórico representa un acto legítimo de resistencia cultural, debido a que la mayoría de teatros se concentran en distritos opulentos. Además, la gratuidad de nuestros espectáculos forma parte también del deber de servicio público que tiene la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con la comunidad en general.

¿Cómo es la relación del TUSM con su público?

El público que viene a ver las obras del TUSM es muy particular. No es el típico espectador domesticado que transita constantemente por varios teatros, sino es un público ocasional que es bastante inquieto. Reaccionan a cualquier estímulo y siempre están prestos a dar una respuesta cuando es oportuna, e incluso cuando no lo es. Hay una anécdota muy graciosa que sucedió durante una función de Prohibido suicidarse en primavera. En escena estaba Juan (Renzo Quevedo) con una pistola la que mantenía oculta por debajo de un escritorio, cuando de pronto entra Alicia (Jackeline Faustino) y le dice: “Entrégame eso que tienes abajo”. Se suponía que tenía que ser una escena cargada de drama porque Juan estaba a punto de suicidarse, pero las palabras de Alicia tomaron unos breves segundos de extrañeza que luego dieron paso a la risa incontenible del público, seguida de la de los actores. Cuando parecía que Renzo y Jackeline ya habían recuperado la compostura, nuevamente echaban a reír. Esto sucedió en tres oportunidades, hasta que el mismo público colaboró para la continuidad de la escena con el típico “¡shhhh!”. De ese modo, hemos desarrollado una vinculación especial con nuestro público, al punto de que ellos mismos intervienen y cuidan de la obra.


En relación al teatro “bien hecho” que referías anteriormente, dudo mucho que estás espontaneidades ocurran porque está planeado para no tener errores. En ese sentido, el público es un mero espectador silenciado e incluso invisibilizado. Torna en un ausente, presente solo en cuanto es consumidor.

Todas las obras del TUSM generan siempre en el público una reacción o gesto involuntario. En Prohibido suicidarse en primavera, también se hace énfasis en la amistad, el reencuentro, la reconciliación y el perdón. En un momento de la obra, cuando se abrazan Fernando y Juan, el público suspira profundamente. Aquello no lo había visto antes en ninguna otra obra del TUSM. Otro guiño de esos sucedió en Medea, cuando hicimos una función en la calle. Cómo esa vez estaba fuera de mi rol de técnico en la cabina, tuve oportunidad de ver la reacción en los rostros de las mujeres que estaban en el público. Todas sonrieron cuando Medea pronuncia su monólogo contra Jason. Había una identificación de ellas con Medea que, en ese momento, reclamaba dignidad y justicia. Del mismo modo, cuando los actores de Extragos de amor se besaban y el público rompía en risa.  Hay una liberación de las frustraciones, a la vez que se vuelven manifiestas las pasiones del público.

¿Qué demandas urgentes presenta el TUSM pensando en su pronta reapertura presencial? 

Tenemos la urgente necesidad de que se mejore nuestra infraestructura, la cual ya estaba bastante deteriorada incluso antes de la pandemia, como el caso del sistema de ventilación, iluminación, las alfombras, los servicios higiénicos, etc.  En ese aspecto, la pandemia nos vino como una pausa positiva. Esperamos que el próximo año contemos con infraestructura y equipos renovados. Nuestra precariedad es la única diferencia que tenemos frente a los otros teatros de universidades o sectores privados. Aun así, la carencia no es un elemento que determina una obra de teatro, pero obviamente, queremos actuar en buenas condiciones. Tenemos la confianza de que esta nueva gestión de la dirección del Centro Cultural de San Marcos atenderá nuestras necesidades.



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