Reflexiones sobre la pandemia en tres tiempos

Sobre la desigualdad en pandemia, el papel que jugaron los virus en la formación del mundo moderno y otros venideros escenarios apocalípticos.

Kevin Rodríguez Sánchez[1]/ karsunmsm@gmail.com

(Fotografía de Ernesto Benavides/Agence France-Presse — Getty Images)

(Presente) Muerte y desigualdad, dos únicas certezas

Desde el inicio de la Pandemia hasta el momento en que escribimos estas palabras, ha corrido mucha tinta en los medios virtuales, han rodado muchas cabezas intelectuales que intentaron hacer de adivinos y de políticos/funcionarios que probaron todas las artimañas para frenar el avance del COVID 19.  Escribir en este contexto, donde la información fluye constantemente a la velocidad de 1 gigabyte por segundo[2] (gracias a las redes de quinta generación, también conocida como tecnología 5G, lanzadas al mercado a comienzos de este año) y donde la vida se ha vuelto En vivo,  requiere un entrenamiento en funambulismo para evitar dar pasos en falso. La única certeza de la cual partimos, lamentablemente, es la muerte.

Parafraseando a Foucault diríamos que la muerte está en todas partes y viene de todas partes, incluso de nosotros mismos, convertidos en potenciales transmisores. Ni el marketing ha desaprovechado esta rentable oportunidad. En Perú se ofrecen vallas publicitarias, o “paneles para decir adiós” al ser querido que partió durante la pandemia. De pronto, caminas por Lima, levantas la cabeza y te vuelves partícipe de un velorio masivo de una persona a quien no conoces. La muerte, imponente se abre paso. Inunda los noticieros, se expresa en cuadros estadísticos, en protocolos de bioseguridad y hasta ha hecho mella de nuestros estados emocionales.

(Fotografía recuperada del sitio web de En Lima)

“Pongan toda su mente y energía en prepararse para la guerra” exhortó el presidente de China, Jinping, a sus soldados durante la ceremonia del 40 aniversario de la Zona Económica Especial de Shenzhen el pasado 14 de octubre en el marco de nuevas tensiones con Estados Unidos. Pero a pesar de que una súper potencia mande mensajes apocalípticos a otra súper potencia, ya no es para nada sorprendente; y es que hemos escuchado la palabra “guerra” (y sus derivados: “combate”, “enfrentamiento”, “armas”) tantas veces a lo largo de esta pandemia que al parecer ya aprendimos a convivir con sus símbolos y discursos.

Muchos Estados se declararon en alerta máxima y permanente frente a la amenaza invisible del SARS-CoV-2 del cual, a estas alturas del conflicto, aún se sabe muy poco. Sin embargo, es pertinente señalar que, según Eduardo Grüner (2020) “el uso -solo levemente metafórico- del significante “guerra” para hablar de otra cosa tampoco es nuevo” y, más pertinente aún, es recordar que en “el momento mismo en que estalla la pandemia (el contexto mundial) estaba atravesado por profundos conflictos sociales, por una suerte de reverdecimiento (confuso, fragmentado y desigual, pero no menos intenso) de la lucha de clases a nivel global” (p. 22). No escasean los ejemplos para ilustrar aquel juicio: Ecuador, Haití, Bolivia, Puerto Rico, Francia y, especialmente, Chile.

Otra certeza que guarda relación con lo que acabamos de mencionar es que la muerte ha venido a posarse sobre la población no solamente “en riesgo”, sino también en desventaja. Es ya sabido que la pandemia acentúa las desigualdades estructurales y saca a relucir las enormes brechas sociales. Dicho también en palabras de Grüner “el virus no será un contendiente de la lucha de clases, pero que se inserta en ella con su propia “guerra”, no cabe la menor duda” (Ibid. p. 23).

(Victimas del COVID recordados en la catedral de Lima. STRINGER/REUTERS)

La crisis sanitaria que ha generado la pandemia debido al estado de abandono del sistema público de salud y también de los sistemas asociativos público-privados, ha creado las condiciones para que la ley de la oferta y la demanda seleccione, o en todo caso, determine quien vive o muere. Con respecto a este punto, en Perú (país que ostenta la mayor tasa de letalidad por número habitantes del Covid 19) según una nota periodística de Aguirre (2020) que recoge algunos datos del informe del Sistema informativo Nacional de Defunciones (SINADEF) correspondiente al mes de junio del presente año, da cuenta que el 58% de personas (33,224) fallecidas por enfermedades, preponderantemente por el COVID 19, no habían tenido acceso a educación o no habían terminado sus estudios escolares, de los cuales:

"El 15.5% de personas que fallecieron eran analfabetos, el otro 15% tuvo estudios de primaria incompletos. Un 21.2% de muertos accedió solamente al nivel primario y el 6% empezó sus estudios de secundaria, pero no los concluyó. La población que solo llevó clases preescolares fue el 0.4%."

Estos datos parecen coincidir con el perfil de los fallecidos en el periodo denominado Conflicto Armado Interno peruano durante las décadas del 80 y 90: en su mayoría campesinos, quechua hablantes y analfabetos. Carlos Iván Degregori (2011) ya había advertido que dicha violencia tenía sus orígenes en “los hondos y mortales desencuentros” de la sociedad peruana y que ahora, después de 3 décadas y al desdén de 5 gobiernos, como un efecto boomerang, vuelve a golpearnos letalmente. Cabe mencionar también que, en cálculos extraoficiales (porque ya nadie cree en las tabulaciones del Ministerio de Salud) la cifra de fallecidos por COVID 19 se va acercando a la cifra de fallecidos durante este periodo (69 280), si es que ya no ha sido superada. ¿Hará falta otra Comisión de la Verdad para acercarnos a cifras más exactas?

Pero ¿pudo evitar abrirse esta caja de pandora epidemiológica? Sin duda, y gran parte de la responsabilidad fue de la millonaria industria farmacéutica. Como expresa Carpintero (2020), guiadas por la premisa de rentabilidad “las grandes empresas farmacéuticas abandonaron hace años la investigación sobre tratamientos o vacunas contra los virus respiratorios” lo cual explica que “17 años después de la epidemia del SARS no se haya logrado ni un tratamiento, ni una vacuna contra el virus” (p. 16). Sobre este punto también coincide Grüner (2020) quien señala que:

“… (por algo se llama SARS-2, puesto que hace menos de dos décadas hubo una SARS-1: es decir, esta es la segunda “guerra mundial”), y si no se hizo es sencillamente porque la prevención, y la investigación que ella hubiera requerido, no era rentable para un capitalismo (y no solamente el “neoliberal”) reconvertido a la casi pura “financiarización”, y demasiado ocupado en, justamente, desmontar los sistemas aun tímidamente “bienestaristas” de salud pública” (p. 28).

Todo parece indicar que la relación entre pandemia y economía capitalista, es más estrecha de lo que a limitados discursos médicos o científicos podría parecer.  De acuerdo con Helmut Dahmer (2020): “Todo esto demuestra que las pandemias de nuestro tiempo son catástrofes sociales camufladas de catástrofes naturales” (p. 37).

Pero, ¿sólo de nuestro tiempo? ¿Qué hay de las otras epidemias que azotaron al mundo en los últimos siglos? ¿Aquellas también guardan estrecho vínculo con la lógica de acumulación del capital desde su formación original? Tal vez haga falta retroceder en el tiempo, retroceder hasta la formación del sistema-mundo moderno.

(Pasado) ¿Cómo y cuando se abrió la caja de pandora?

Nunca está demás citar el trascendental enunciado de K. Marx (1988) acerca de la manera en que adviene el capital al mundo: “chorreando sangre y lodo por todos los poros” (p. 950). La violencia fue la base de la acumulación originaria del capital, plasmado en la apropiación de la tierra, el cuerpo y los productos de América. Pero como diría Ansaldi (2020) “No solo con arcabuces conquistaron América”.  Más que el papel jugado por la espada en el exterminio de los nativos del nuevo continente, bastante tuvo que ver las enfermedades epidemiológicas traídas de occidente:

“Aunque no siempre se lo tiene en cuenta a la hora de analizar el proceso de la conquista de América por los europeos, no puede negarse el fundamental papel jugado por las epidemias importadas por los conquistadores, sea por vía directa o por indirecta” (p. 195)

La “unificación microbiana del mundo” concepto que Ansaldi recoge de Roy Ladurie, sirve para afianzar dicho postulado, en el sentido que apelaría a la “creación de un mercado común de microbios” sucedido entre los siglos XIV Y XVII “como parte del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental” y, más tarde, por “la expansión del surgente modo de producción a escala planetaria” (Ibíd. p. 198).

(Enfermos de viruela durante el asedio de Tenochtitlán (1521). Miniatura de la Historia general de las cosas de Nueva España, o Códice Florentino, de Bernardino de Sahagún)

De tal modo que, el colonialismo vinculó al continente americano con la economía-mundo y al hacerlo, también se vincularon otros componentes biológicos como los virus y las bacterias generando un genocidio microbiano, una catástrofe demográfica nunca antes vista en la historia humana. En consecuencia, como ha señalado también Ansaldi (1992) en otro trabajo, nuestra génesis continental es “el resultado de una larga cadena de muertes –genocidio, etnocidio- que apenas en la primera mitad del siglo XVI superan los setenta millones de seres humanos, tributo inicial que se prolonga largamente hasta nuestros días” (p. 14). Hasta nuestros días…

La intromisión de Europa en las sociedades nativas, ese proceso mal llamado “descubrimiento” -que como expresa Ansaldi, más que “descubrimiento” fue un encubrimiento y más que un “encuentro” se trató de un desencuentro- creo “una nueva dialéctica constituyente que reemplazó a la constituida propia de la historia singular de cada una de ellas” (p. 22). Por consiguiente, las enfermedades otorgaron cierto primor al vehemente esfuerzo de los conquistadores por lograr la nulidad de la vida del otro, también, mal llamado “indio”.  En palabras de Livi Bacci (citado en Ansaldi): “La epidemia en un terreno virgen lo resuelve todo: la viruela puede matar de un solo plumazo a la mitad de la población, el sarampión a una quinta parte y así hasta la saciedad” (p. 197).

En suma, y volviendo a las preguntas que más arriba nos planteábamos sobre la búsqueda de la relación entre epidemia y empresa capitalista, es pertinente sacar a colación una última cita de Ansaldi, quién indica que:

“… no es una tarea menor, ni sencilla, pero es necesaria, al menos para los latinoamericanos.  En buena parte, porque lo que devino América Latina fue parte fundamental de la formación del mundo moderno, es decir, del mundo capitalista. El oro y la plata, la espada y la cruz, las enfermedades, hayan sido o no guerras biológicas, forman parte del terrible ménage à cinq que nos hizo globalizados. Y así nos va” (p. 199).

Lamentablemente.

(Futuro) Crónicas de otra pandemia anunciada. Deforestación y agronegocio en la Amazonía

El futuro tampoco luce esperanzador. Ya son varios los investigadores que han señalado que el próximo virus pandémico se originará en nuestras tierras, para ser exactos, en la Amazonía –o sea que ya no será necesario importarlos- y que solo es cuestión de tiempo.

Como ya es sabido, la intervención humana en áreas nativas puede generar desequilibrios ecológicos y la captación de enfermedades, y en ese sentido, la Amazonía es un gran contenedor de virus. Pero, ¿qué está sucediendo con esta área del mundo? O, mejor dicho, ¿qué es estamos haciendo de ella? Se trata de una deforestación tropical sin precedentes que, según un informe de la BBC (s.f.), en los últimos 50 años ha consumido 700 000 kilómetros cuadrados (área equivalente a la superficie de Francia y Bélgica), con lo cual se está creado un puente para que nuevas enfermedades sean transportadas de animales silvestres a la población humana.

(Mapa de la deforestación de la Amazonía. Recuperado de BBC News, sitio web)

Tal como explica Philip Fearnside -desde “«la perspectiva de una sola salud» que considera la salud de una población humana junto con la salud de las poblaciones circundantes de otras especies”- el vertiginoso desnudamiento de la Amazonía “facilita la transmisión tanto de enfermedades nuevas como de enfermedades antiguas como la malaria” todo cual lleva a considerar a Brasil como un “«hotspot» para enfermedades emergentes” (Fearnside, 2020).

Solo para tener una idea de este acelerado proceso, David Lapola (2020) basandose en los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), refiere que “en los primeros cuatro meses de 2020 fueron talados 1.202 km2 de selva” número que representa un “aumento de 55% en comparación con el mismo período del 2019”, año en que además se registró un descontrolado incendio que consumió más de 25 000 kilómetros cuadros de área amazónica. Pese a todo esto, Jair Bolsonaro, presidente brasileño, -quien además mínimizo desde el inicio el avance del incendio- es el principal impulsor de la apertura Amazónica a la explotación minera y agropecuaria. 

La deforestación de la selva amazónica tiene dos principales razones identificadas: la ganadería que tiene por objeto la expansión de pasturas (responsable aproximadamente del 80% de la pérdida) y la producción de la soja, principal producto de exportanción de Brasil. En otras palabras, la desaparición del Amazonas (y como hemos señalado, la consecuente creación de nuevas enfermedades) es por única causa de su explotación a nivel industrial.

Todo lo mencionado anteriormente coincide con la tesis del colectivo comunista chino Chuang (2020) quienes señalan que, siguiendo las investigaciones de Wallace, “los virus se gestan dentro de entornos industriales que han sido totalmente subsumidos en la lógica capitalista” o mediante “la expansión y extracción capitalista en el interior del país, donde virus hasta ahora desconocidos son esencialmente recogidos de poblaciones animales salvajes y distribuidos a lo largo de los circuitos mundiales de capital” (p. 14) Este último caso es el que mejor podría describir el origen de la epidémia actual.

Cierto o no, lo que se observa en el reciente publicado Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur de la organización Acción por la diversidad (2020) , es que el avance territorial del modelo transgénico, especialmente del cultivo de soja, esta siendo arrasador. Tal como lo hacen notar: “Uruguay pasó de 9 000 hectáreas con soja en el año 2000 a 1 100 000 en 2018”, mientras que “Argentina contaba con 6,6 millones de hectáreas con soja (convencional) en 1996, y llegó al pico máximo de 20 500 000 hectáreas de soja transgénica en 2015”.  Por otro lado, Bolivia “pasó de 200 000 hectáreas con soja en 1990 a 1 263 000 en 2017”; Paraguay pasó de “1 150 00 hectáreas con soja en 1997 a 3 400 000 en 2018”; y Brasil actualmente cuenta con 52 648 000 hectáreas de las cuales 36 000 000 hectáreas son de cultivo de soja (p.15).

Si podemos imaginar una superficie tres veces del tamaño de Alemania, podemos dar con un aproximado de la superficie bajo productos transgénicos en los 5 países anteriormente mencionados que asciende a 94 157 000 hectáreas (Ibíd. p. 33).

(Mar de soja. Fotografía recuperada del sitio web de Librelato)

Pero, en realidad, el agronegocio es un proceso complejo donde intervienen muchos actores en distintos niveles y su impacto es más dañino que la sola depredación de territorios amazónicos. En un primer momento la instalación de su modelo muchas veces es favorecido por autorizaciones fraudulentas y ausencia de debates públicos donde se termina por imponer una ciencia espuria que legitima el uso de productos transgénicos y agrotóxicos. Posteriormente se refuerza la concentración de la tierra en pocas manos y la expulsión de pueblos originarios y campesinos de sus territorios; se criminalizan y reprimen sus luchas reivindicativas (llegándose incluso a asesinar líderes sociales como herramienta disciplinaria); mientras que, a la par, se destruyen economías regionales y se generan daños a la salud a las poblaciones que viven cerca de las áreas de fumigación[3], entre otros efectos.

A estas alturas de nuestra exposición cabe preguntarse qué es lo podría ser más nocivo en los años venideros: si el virus que estaría por generarse en la Amazonía o la empresa del agronegocio de monocultivos del que ya gozamos sus efectos. No son opciones a elegir, ambos podrían coexistir.

La demanda de carne que viene generando la población china, que en los últimos años experimentó un crecimiento de su clase media y de las calorías que tradicionalmente consumía, ha generado no solo el aumento de la ganadería intensiva (especialmente porcina), sino también el aumento del forraje para atender dicha empresa. De esta manera el 89% de la soja uruguaya, el 87% del poroto de soja argentina y el 81% del de Brasil tienen como destino último China.

(Imagen extraída de Atlas del agronegocio transgénico en el cono sur, 2020)

Mato Grosso, el mayor estado brasileño productor de granos, fue al mismo tiempo el estado con mayor deforestación en el mes de abril del 2018 con 144, 58 kilómetros cuadrados (Infobae, 2020). Donde antes existían bosques ahora solo hay soja hasta donde alcance la vista. Pero este proceso de sojarización, no pertenece exclusivamente a este lado del mundo, también se viene desarrollando en Mozambique, donde compañías extranjeras en connivencia con el gobierno de dicho país, vienen acaparando y expulsando a campesinos de sus tierras en el corredor de Nacala, como lo hace notar el documental El negocio mundial de la alimentación de DW(2020).

Puede que el comercio actual ya no se trate de un triángulo comercial como cuando emergía el mundo moderno (ahora podría dibujarse una figura geométrica con innumerables trazos). Sin embargo, las últimas ruedas del coche de la economía-mundo siguen llamándose América y África, parientes lejanos.

Bibliografía

Acción por la Biodiversidad. (2020). Atlas del agronegocio transgénico en el cono sur. Monocultivos, resistencias y propuestas de los pueblos . Buenos Aires: Acción por la Biodiversidad .

Aguirre, A. (27 de Junio de 2020). Diario Perú 21. Obtenido de Portal web del Diario Perú 21: https://peru21.pe/politica/coronavirus-en-peru-el-58-de-muertos-por-causas-como-el-covid-19-no-termino-el-colegio-noticia/?ref=p21r&fbclid=IwAR0p5nr3L-6Sagg1ZANZhA4rQA_N8HtyA6E-UyuMoquHHAd9VxSR395vVSk&tmp_ad=50seg

Ansaldi, W. (1992). Cristobal Colón, un falso palomo: entre los equívocos y la grandeza. Centro de Estudios Filosóficos de Salta. Año II, Nº1.

Ansaldi, W. (2020). No solo con arcabuces conquistaron América. Trabajo y Sociedad, 195-201.

BBC. (s.f.). BBC. Obtenido de BBC MUNDO.com: http://www.bbc.co.uk/spanish/specials/1330_amazon/page3.shtml#:~:text=El%2065%25%20de%20la%20selva,reciente%20en%20la%20Cuenca%20Amaz%C3%B3nica.

Carpintero, E. (2020). Introducción. La crisis de la pandemia llevó al estallido del espacio llamado posmoderno. En E. Carpintero, El año de la peste. Produciendo pensamiento crítico (págs. 10-16). Buenos Aires: Topia Editorial.

Chuang. (2020). Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China. Rosario, Argentina: Lazo Negro Ediciones.

Dahmer, H. (2020). La crisis del coronavirus, la xenofobia, el antisemitismo y los grupos neonazis en Alemania. En E. Carpintero, El año de la peste. Produciendo pensamiento crítico (págs. 30-37). Buenos Aires: Topía Editorial.

Degregori, C. (2011). Qué difícil es ser dios. El partido comunista del Perú – Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Fearnside, P. (13 de Mayo de 2020). Mongabay Latam. Obtenido de Mongabay Latam. Periodismo ambiental independiente: https://es.mongabay.com/2020/05/el-proximo-coronavirus-vendra-de-la-amazonia-opinion/

Grüner, E. (2020). Crónica Marcianas. En E. Carpintero, El año de la peste (págs. 19-29). Buenos Aires: Topia editorial.

Infobae. (9 de mayo de 2020). Brasil: la deforestación en la Amazonía subió casi un 64% en el mes de abril. Obtenido de Infobae (Sitio web): https://www.infobae.com/america/america-latina/2020/05/09/brasil-la-deforestacion-en-la-amazonia-subio-casi-un-64-en-el-mes-de-abril/#:~:text=El%20estado%20con%20mayor%20deforestaci%C3%B3n,corresponde%20a%20actividades%20de%20miner%C3%ADa.

Lapola, D. (Miércoles de Mayo de 2020). T13. Obtenido de T13 Móvil: https://www.t13.cl/noticia/mundo/proxima-pandemia-podria-originarse-brasil-destruccion-del-amazonas-advierte-investigador

Marx, K. (1988). El Capital. Tomo 1. Vol. 3 (2da Ed.). México: Siglo XXI.

 



[1] Antropólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y estudiante de la Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos de la Universidad de Buenos Aires.

[2] Solo para tener en cuenta y a manera de entretenernos. Un gigabyte puede almacenar hasta 500 millones de palabras. Multiplíquese dicha cantidad con los segundos que tiene el día, teniendo en cuenta las virtudes de la nueva tecnología 5G. Vuélvase a multiplicar por la cantidad de individuos que, a cada segundo, sube alguna importante o banal, real o falsa información en la internet. Incluso utilizar la metáfora de estar frente a un “mar” de información es bastante diminuta.

[3] Destaca el emblemático caso de Silvino Talavera, un niño del distrito de Edelira (Paraguay), quien fue envenenado por agrotóxicos (específicamente por glifosato) cuando regresaba a su casa en bicicleta y atravesó un camino que había sido recién fumigado por un productor de soja. Su muerte aconteció el 8 de enero de 2003 y llevó a que su madre, Petrona Villasboa, emprenda una campaña llamada “Justicia para Silvino” y una batalla legal incluso contra la transnacional Monsanto, que terminó en la condena en juicio oral a los empresarios agropecuarios responsables directos. 

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