Reflexiones sobre la pandemia en tres tiempos
Sobre la desigualdad en pandemia, el papel que jugaron los virus en la formación del mundo moderno y otros venideros escenarios apocalípticos.
Kevin Rodríguez Sánchez[1]/
karsunmsm@gmail.com
(Presente) Muerte y desigualdad, dos únicas certezas
Desde el inicio de la Pandemia
hasta el momento en que escribimos estas palabras, ha corrido mucha tinta en
los medios virtuales, han rodado muchas cabezas intelectuales que intentaron
hacer de adivinos y de políticos/funcionarios que probaron todas las artimañas
para frenar el avance del COVID 19.
Escribir en este contexto, donde la información fluye constantemente a
la velocidad de 1 gigabyte por segundo[2]
(gracias a las redes de quinta generación, también conocida como tecnología 5G,
lanzadas al mercado a comienzos de este año) y donde la vida se ha vuelto En vivo,
requiere un entrenamiento en funambulismo para evitar dar pasos en
falso. La única certeza de la cual partimos, lamentablemente, es la muerte.
Parafraseando a Foucault diríamos
que la muerte está en todas partes y viene de todas partes, incluso de nosotros
mismos, convertidos en potenciales transmisores. Ni el marketing ha
desaprovechado esta rentable oportunidad. En Perú se ofrecen vallas
publicitarias, o “paneles para decir adiós” al ser querido que partió durante
la pandemia. De pronto, caminas por Lima, levantas la cabeza y te vuelves
partícipe de un velorio masivo de una persona a quien no conoces. La muerte,
imponente se abre paso. Inunda los noticieros, se expresa en cuadros
estadísticos, en protocolos de bioseguridad y hasta ha hecho mella de nuestros
estados emocionales.
“Pongan toda su mente y energía
en prepararse para la guerra” exhortó el presidente de China, Jinping, a sus
soldados durante la ceremonia del 40 aniversario de la Zona Económica Especial
de Shenzhen el pasado 14 de octubre en el marco de nuevas tensiones con Estados
Unidos. Pero a pesar de que una súper potencia mande mensajes apocalípticos a
otra súper potencia, ya no es para nada sorprendente; y es que hemos escuchado
la palabra “guerra” (y sus derivados: “combate”, “enfrentamiento”, “armas”)
tantas veces a lo largo de esta pandemia que al parecer ya aprendimos a
convivir con sus símbolos y discursos.
Muchos Estados se declararon en
alerta máxima y permanente frente a la amenaza invisible del SARS-CoV-2 del
cual, a estas alturas del conflicto, aún se sabe muy poco. Sin embargo, es pertinente
señalar que, según Eduardo Grüner (2020) “el
uso -solo levemente metafórico- del significante “guerra” para hablar de otra
cosa tampoco es nuevo” y, más pertinente aún, es recordar que en “el momento
mismo en que estalla la pandemia (el contexto mundial) estaba atravesado por
profundos conflictos sociales, por una suerte de reverdecimiento (confuso,
fragmentado y desigual, pero no menos intenso) de la lucha de clases a nivel
global” (p. 22). No escasean los ejemplos para ilustrar aquel juicio: Ecuador,
Haití, Bolivia, Puerto Rico, Francia y, especialmente, Chile.
Otra certeza que guarda relación
con lo que acabamos de mencionar es que la muerte ha venido a posarse sobre la
población no solamente “en riesgo”, sino también en desventaja. Es ya sabido
que la pandemia acentúa las desigualdades estructurales y saca a relucir las
enormes brechas sociales. Dicho también en palabras de Grüner “el virus no será un contendiente de la lucha de clases,
pero que se inserta en ella con su propia “guerra”, no cabe la menor duda” (Ibid.
p. 23).
La crisis sanitaria que ha
generado la pandemia debido al estado de abandono del sistema público de salud
y también de los sistemas asociativos público-privados, ha creado las
condiciones para que la ley de la oferta y la demanda seleccione, o en todo
caso, determine quien vive o muere. Con respecto a este punto, en Perú (país
que ostenta la mayor tasa de letalidad por número habitantes del Covid 19) según
una nota periodística de Aguirre (2020) que
recoge algunos datos del informe del Sistema informativo Nacional de
Defunciones (SINADEF) correspondiente al mes de junio del presente año, da
cuenta que el 58% de personas (33,224) fallecidas por enfermedades, preponderantemente
por el COVID 19, no habían tenido acceso a educación o no habían terminado sus
estudios escolares, de los cuales:
"El 15.5%
de personas que fallecieron eran analfabetos, el otro 15% tuvo estudios de
primaria incompletos. Un 21.2% de muertos accedió solamente al nivel primario y
el 6% empezó sus estudios de secundaria, pero no los concluyó. La población que
solo llevó clases preescolares fue el 0.4%."
Estos datos parecen coincidir con
el perfil de los fallecidos en el periodo denominado Conflicto Armado Interno peruano
durante las décadas del 80 y 90: en su mayoría campesinos, quechua hablantes y
analfabetos. Carlos Iván Degregori (2011) ya
había advertido que dicha violencia tenía sus orígenes en “los hondos y
mortales desencuentros” de la sociedad peruana y que ahora, después de 3
décadas y al desdén de 5 gobiernos, como un efecto boomerang, vuelve a
golpearnos letalmente. Cabe mencionar también que, en cálculos extraoficiales
(porque ya nadie cree en las tabulaciones del Ministerio de Salud) la cifra de
fallecidos por COVID 19 se va acercando a la cifra de fallecidos durante este
periodo (69 280), si es que ya no ha sido superada. ¿Hará falta otra Comisión
de la Verdad para acercarnos a cifras más exactas?
Pero ¿pudo evitar abrirse esta
caja de pandora epidemiológica? Sin duda, y gran parte de la responsabilidad
fue de la millonaria industria farmacéutica. Como expresa Carpintero (2020), guiadas por la premisa de
rentabilidad “las grandes empresas farmacéuticas abandonaron hace años la
investigación sobre tratamientos o vacunas contra los virus respiratorios” lo
cual explica que “17 años después de la epidemia del SARS no se haya logrado ni
un tratamiento, ni una vacuna contra el virus” (p. 16). Sobre este punto
también coincide Grüner (2020) quien
señala que:
“… (por algo
se llama SARS-2, puesto que hace menos de dos décadas hubo una SARS-1: es
decir, esta es la segunda “guerra mundial”), y si no se hizo es sencillamente
porque la prevención, y la investigación que ella hubiera requerido, no era
rentable para un capitalismo (y no solamente el “neoliberal”) reconvertido a la
casi pura “financiarización”, y demasiado ocupado en, justamente, desmontar los
sistemas aun tímidamente “bienestaristas” de salud pública” (p. 28).
Todo parece indicar que la relación
entre pandemia y economía capitalista, es más estrecha de lo que a limitados
discursos médicos o científicos podría parecer.
De acuerdo con Helmut Dahmer (2020): “Todo
esto demuestra que las pandemias de nuestro tiempo son catástrofes sociales camufladas
de catástrofes naturales” (p. 37).
Pero, ¿sólo de nuestro tiempo?
¿Qué hay de las otras epidemias que azotaron al mundo en los últimos siglos? ¿Aquellas
también guardan estrecho vínculo con la lógica de acumulación del capital desde
su formación original? Tal vez haga falta retroceder en el tiempo, retroceder
hasta la formación del sistema-mundo moderno.
(Pasado) ¿Cómo y cuando se abrió la caja de pandora?
Nunca está demás citar el
trascendental enunciado de K. Marx (1988)
acerca de la manera en que adviene el capital al mundo: “chorreando sangre y
lodo por todos los poros” (p. 950). La violencia fue la base de la acumulación
originaria del capital, plasmado en la apropiación de la tierra, el cuerpo y
los productos de América. Pero como diría Ansaldi
(2020) “No solo con arcabuces conquistaron América”. Más que el papel jugado por la espada en el
exterminio de los nativos del nuevo continente, bastante tuvo que ver las
enfermedades epidemiológicas traídas de occidente:
“Aunque no
siempre se lo tiene en cuenta a la hora de analizar el proceso de la conquista
de América por los europeos, no puede negarse el fundamental papel jugado por
las epidemias importadas por los conquistadores, sea por vía directa o por
indirecta” (p. 195)
La “unificación microbiana del
mundo” concepto que Ansaldi recoge de Roy Ladurie, sirve para afianzar dicho
postulado, en el sentido que apelaría a la “creación de un mercado común de
microbios” sucedido entre los siglos XIV Y XVII “como parte del proceso de
transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental” y, más tarde,
por “la expansión del surgente modo de producción a escala planetaria” (Ibíd. p.
198).
(Enfermos de viruela durante el asedio de Tenochtitlán (1521). Miniatura de la Historia general de las cosas de Nueva España, o Códice Florentino, de Bernardino de Sahagún)De tal modo que, el colonialismo
vinculó al continente americano con la economía-mundo y al hacerlo, también se
vincularon otros componentes biológicos como los virus y las bacterias
generando un genocidio microbiano, una catástrofe demográfica nunca antes vista
en la historia humana. En consecuencia, como ha señalado también Ansaldi (1992)
en otro trabajo, nuestra génesis continental es “el resultado de una larga
cadena de muertes –genocidio, etnocidio- que apenas en la primera mitad del
siglo XVI superan los setenta millones de seres humanos, tributo inicial que se
prolonga largamente hasta nuestros días” (p. 14). Hasta nuestros días…
La intromisión de Europa en las
sociedades nativas, ese proceso mal llamado “descubrimiento” -que como expresa
Ansaldi, más que “descubrimiento” fue un encubrimiento y más que un “encuentro”
se trató de un desencuentro- creo “una nueva dialéctica constituyente que
reemplazó a la constituida propia de la historia singular de cada una de ellas”
(p. 22). Por consiguiente, las enfermedades otorgaron cierto primor al
vehemente esfuerzo de los conquistadores por lograr la nulidad de la vida del
otro, también, mal llamado “indio”. En
palabras de Livi Bacci (citado en Ansaldi): “La epidemia en un terreno virgen
lo resuelve todo: la viruela puede matar de un solo plumazo a la mitad de la
población, el sarampión a una quinta parte y así hasta la saciedad” (p. 197).
En suma, y volviendo a las
preguntas que más arriba nos planteábamos sobre la búsqueda de la relación
entre epidemia y empresa capitalista, es pertinente sacar a colación una última
cita de Ansaldi, quién indica que:
“… no es una tarea menor, ni
sencilla, pero es necesaria, al menos para los latinoamericanos. En buena parte, porque lo que devino América
Latina fue parte fundamental de la formación del mundo moderno, es decir, del
mundo capitalista. El oro y la plata, la espada y la cruz, las enfermedades,
hayan sido o no guerras biológicas, forman parte del terrible ménage à cinq que nos hizo globalizados.
Y así nos va” (p. 199).
Lamentablemente.
(Futuro) Crónicas de otra pandemia anunciada. Deforestación y agronegocio en la Amazonía
El futuro tampoco luce
esperanzador. Ya son varios los investigadores que han señalado que el próximo
virus pandémico se originará en nuestras tierras, para ser exactos, en la Amazonía
–o sea que ya no será necesario importarlos- y que solo es cuestión de tiempo.
Como ya es sabido, la
intervención humana en áreas nativas puede generar desequilibrios ecológicos y
la captación de enfermedades, y en ese sentido, la Amazonía es un gran
contenedor de virus. Pero, ¿qué está sucediendo con esta área del mundo? O,
mejor dicho, ¿qué es estamos haciendo de ella? Se trata de una deforestación
tropical sin precedentes que, según un informe de la BBC (s.f.), en los últimos 50 años ha consumido 700 000 kilómetros
cuadrados (área equivalente a la superficie de Francia y Bélgica), con lo cual
se está creado un puente para que nuevas enfermedades sean transportadas de
animales silvestres a la población humana.
Tal como explica Philip Fearnside -desde “«la perspectiva de una sola
salud» que considera la salud de una población humana junto con la salud de las
poblaciones circundantes de otras especies”- el vertiginoso desnudamiento de la
Amazonía “facilita la transmisión tanto de enfermedades nuevas como de enfermedades
antiguas como la malaria” todo cual lleva a considerar a Brasil como un “«hotspot»
para enfermedades emergentes” (Fearnside, 2020).
Solo para tener una idea de este
acelerado proceso, David Lapola (2020) basandose
en los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE),
refiere que “en los primeros cuatro meses de 2020 fueron talados 1.202 km2
de selva” número que representa un “aumento de 55% en comparación con el mismo
período del 2019”, año en que además se registró un descontrolado incendio que
consumió más de 25 000 kilómetros cuadros de área amazónica. Pese a todo esto,
Jair Bolsonaro, presidente brasileño, -quien además mínimizo desde el inicio el
avance del incendio- es el principal impulsor de la apertura Amazónica a la
explotación minera y agropecuaria.
La
deforestación de la selva amazónica tiene dos principales razones identificadas:
la ganadería que tiene por objeto la expansión de pasturas (responsable
aproximadamente del 80% de la pérdida) y la producción de la soja, principal
producto de exportanción de Brasil. En otras palabras, la desaparición del
Amazonas (y como hemos señalado, la consecuente creación de nuevas
enfermedades) es por única causa de su explotación a nivel industrial.
Todo
lo mencionado anteriormente coincide con la tesis del colectivo comunista chino
Chuang (2020) quienes señalan que, siguiendo las investigaciones de Wallace,
“los virus se gestan dentro de entornos industriales que han sido totalmente
subsumidos en la lógica capitalista” o mediante “la expansión y extracción
capitalista en el interior del país, donde virus hasta ahora desconocidos son
esencialmente recogidos de poblaciones animales salvajes y distribuidos a lo
largo de los circuitos mundiales de capital” (p. 14) Este último caso es el que
mejor podría describir el origen de la epidémia actual.
Cierto
o no, lo que se observa en el reciente publicado Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur de la organización
Acción por la diversidad (2020) , es que el avance territorial del modelo
transgénico, especialmente del cultivo de soja, esta siendo arrasador. Tal como
lo hacen notar: “Uruguay pasó de 9 000 hectáreas con soja en el año 2000
a 1 100 000 en 2018”, mientras que “Argentina contaba con 6,6 millones de
hectáreas con soja (convencional) en 1996, y llegó al pico máximo de 20 500 000
hectáreas de soja transgénica en 2015”. Por
otro lado, Bolivia “pasó de 200 000 hectáreas con soja en 1990 a 1 263 000 en
2017”; Paraguay pasó de “1 150 00 hectáreas con soja en 1997 a 3 400 000 en
2018”; y Brasil actualmente cuenta con 52 648 000 hectáreas de las cuales 36
000 000 hectáreas son de cultivo de soja (p.15).
Si podemos imaginar una
superficie tres veces del tamaño de Alemania, podemos dar con un aproximado de
la superficie bajo productos transgénicos en los 5 países anteriormente
mencionados que asciende a 94 157 000 hectáreas (Ibíd. p. 33).
Pero, en realidad, el agronegocio es un proceso complejo donde intervienen muchos actores en distintos niveles y su impacto es más dañino que la sola depredación de territorios amazónicos. En un primer momento la instalación de su modelo muchas veces es favorecido por autorizaciones fraudulentas y ausencia de debates públicos donde se termina por imponer una ciencia espuria que legitima el uso de productos transgénicos y agrotóxicos. Posteriormente se refuerza la concentración de la tierra en pocas manos y la expulsión de pueblos originarios y campesinos de sus territorios; se criminalizan y reprimen sus luchas reivindicativas (llegándose incluso a asesinar líderes sociales como herramienta disciplinaria); mientras que, a la par, se destruyen economías regionales y se generan daños a la salud a las poblaciones que viven cerca de las áreas de fumigación[3], entre otros efectos.
A estas alturas de nuestra exposición
cabe preguntarse qué es lo podría ser más nocivo en los años venideros: si el
virus que estaría por generarse en la Amazonía o la empresa del agronegocio de
monocultivos del que ya gozamos sus efectos. No son opciones a elegir, ambos
podrían coexistir.
La demanda de carne que viene
generando la población china, que en los últimos años experimentó un
crecimiento de su clase media y de las calorías que tradicionalmente consumía,
ha generado no solo el aumento de la ganadería intensiva (especialmente
porcina), sino también el aumento del forraje para atender dicha empresa. De
esta manera el 89% de la soja uruguaya, el 87% del poroto de soja argentina y
el 81% del de Brasil tienen como destino último China.
Mato Grosso, el mayor estado
brasileño productor de granos, fue al mismo tiempo el estado con mayor
deforestación en el mes de abril del 2018 con 144, 58 kilómetros cuadrados (Infobae, 2020). Donde antes existían bosques
ahora solo hay soja hasta donde alcance la vista. Pero este proceso de
sojarización, no pertenece exclusivamente a este lado del mundo, también se
viene desarrollando en Mozambique, donde compañías extranjeras en connivencia
con el gobierno de dicho país, vienen acaparando y expulsando a campesinos de
sus tierras en el corredor de Nacala, como lo hace notar el documental El negocio mundial de la alimentación de DW(2020).
Puede que el comercio actual ya
no se trate de un triángulo comercial como cuando emergía el mundo moderno (ahora
podría dibujarse una figura geométrica con innumerables trazos). Sin embargo,
las últimas ruedas del coche de la economía-mundo siguen llamándose América y
África, parientes lejanos.
Bibliografía
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la Biodiversidad. (2020). Atlas del agronegocio transgénico en el cono
sur. Monocultivos, resistencias y propuestas de los pueblos . Buenos
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Ansaldi, W. (1992). Cristobal Colón, un falso
palomo: entre los equívocos y la grandeza. Centro de Estudios Filosóficos
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Ansaldi, W. (2020). No solo con arcabuces
conquistaron América. Trabajo y Sociedad, 195-201.
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El año de la peste. Produciendo pensamiento crítico (págs. 10-16).
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microbiológica en China. Rosario, Argentina: Lazo Negro Ediciones.
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xenofobia, el antisemitismo y los grupos neonazis en Alemania. En E.
Carpintero, El año de la peste. Produciendo pensamiento crítico (págs.
30-37). Buenos Aires: Topía Editorial.
Degregori, C. (2011). Qué difícil es ser dios. El
partido comunista del Perú – Sendero Luminoso y el conflicto armado interno
en el Perú: 1980-1999. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
Fearnside, P. (13 de Mayo de 2020). Mongabay
Latam. Obtenido de Mongabay Latam. Periodismo ambiental independiente:
https://es.mongabay.com/2020/05/el-proximo-coronavirus-vendra-de-la-amazonia-opinion/
Grüner, E. (2020). Crónica Marcianas. En E.
Carpintero, El año de la peste (págs. 19-29). Buenos Aires: Topia
editorial.
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deforestación en la Amazonía subió casi un 64% en el mes de abril.
Obtenido de Infobae (Sitio web): https://www.infobae.com/america/america-latina/2020/05/09/brasil-la-deforestacion-en-la-amazonia-subio-casi-un-64-en-el-mes-de-abril/#:~:text=El%20estado%20con%20mayor%20deforestaci%C3%B3n,corresponde%20a%20actividades%20de%20miner%C3%ADa.
Lapola, D. (Miércoles de Mayo de 2020). T13.
Obtenido de T13 Móvil:
https://www.t13.cl/noticia/mundo/proxima-pandemia-podria-originarse-brasil-destruccion-del-amazonas-advierte-investigador
Marx, K. (1988). El Capital. Tomo 1. Vol. 3 (2da
Ed.). México: Siglo XXI.
[1]
Antropólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y estudiante de la
Maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos de la Universidad de Buenos
Aires.
[2]
Solo para tener en cuenta y a manera de entretenernos. Un gigabyte puede
almacenar hasta 500 millones de palabras. Multiplíquese dicha cantidad con los
segundos que tiene el día, teniendo en cuenta las virtudes de la nueva
tecnología 5G. Vuélvase a multiplicar por la cantidad de individuos que, a cada
segundo, sube alguna importante o banal, real o falsa información en la
internet. Incluso utilizar la metáfora de estar frente a un “mar” de
información es bastante diminuta.
[3] Destaca el emblemático caso de Silvino Talavera, un niño del distrito de Edelira (Paraguay), quien fue envenenado por agrotóxicos (específicamente por glifosato) cuando regresaba a su casa en bicicleta y atravesó un camino que había sido recién fumigado por un productor de soja. Su muerte aconteció el 8 de enero de 2003 y llevó a que su madre, Petrona Villasboa, emprenda una campaña llamada “Justicia para Silvino” y una batalla legal incluso contra la transnacional Monsanto, que terminó en la condena en juicio oral a los empresarios agropecuarios responsables directos.






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