Reflexiones en VIVO. Sobre morir de asfixia, convertirse en zombi-alien y otros viajes en el tiempo.
Crónicas sobre modernidad, racismo y desigualdad en nuestros días.
(Arte urbano en homenaje a George Floyd, asesinado el pasado 25 de mayo del 2020)
Treinta de mayo del 2020
A finales de 1968, nacía Led Zeppelin, la mítica banda de rock británica. Meses más tarde, en julio del 69, el Apolo 11 emprendía el más ambicioso viaje espacial (por demás controversial y que ha alimentado el repertorio de historias conspiranoicas de la 2da posguerra) con destino a la Luna. En fin, todos tenemos alguna imagen de este último evento en nuestra memoria (especialmente la bandera de Estados Unidos siendo incrustada en la superficie lunar por Neil Armstrong y Buzz Aldrin). Si bien la violencia entre las dos superpotencias de época (Estados Unidos y URSS) era indirectamente latente, se manifestaba en otras latitudes de forma más directa, siendo por excelencia Vietnam el escenario de esta confrontación.
El día 30 de mayo del 2020, curiosamente ambos eventos parecieron conectarse nuevamente en el presente. El lanzamiento espacial de Crew Dragon de la empresa SpaceX cuyo dueño es Elon Musk (cofundador de Paypal, Tesla Motors, The Boring Company y otras, poseedor de una no modesta fortuna de USD 36.000 millones) marca un parteaguas en la inauguración de un nuevo negocio millonario de transporte espacial, además que marca la independencia de la NASA de la nave espacial rusa “Soyus” (que cobraba 86 millones de dólares por asiento, modestos tickets espaciales). Medios de comunicación alrededor del mundo hacían lo propio ubicándonos como testigos en vivo y en directo de un “progreso” más en los anaqueles de la humanidad, del último “avance científico”, “histórico” y “exitoso” de nuestra modernidad.
A los minutos del despegue, salía a escena Led Zeppelin, con un
concierto virtual nunca antes transmitido en la historia de los grandes
conciertos del rock. Y aunque Plant ya no muestre osadamente su cintura
descubierta, puede aún apreciarse parte de su magnífica calidad vocal. El 30 de
mayo, traía consigo cierto encantador aroma a los 60s y 70s, sin embargo,
también se registraban ciertas asfixias.
(Retransmisión del concierto de Led Zeppelin el 10 de diciembre The O2 Arena de Londres, tras 27 años fuera de los escenarios)
“I can’t breathe”
Lo cierto es que el lanzamiento del SpaceX atrajo la atención planetaria en medio de un contexto borboteante terrícola. Mientras teníamos puesta la mirada en el espacio celestial, diversos estados de Estados Unidos estallaban en masivas protestas sociales que tenían por nombre George Floyd en la epidermis, una herida que no era ni la última ni la más profunda de todas las “heridas coloniales”, empleando categorías de Mignolo (2007) del flagelo racista, pero que, sin embargo, en ese momento todas parecían arder curtidas en una incontenible furia histórica. En ese sentido sorprende, por ejemplo, la lucidez y apelación de la memoria colonial en el discurso que la activista y feminista afroamericana Tamika Mallory expresará horas después con respecto a dichas protestas:
“Este país se supone que es la tierra de la libertad para todos y no lo ha sido para la gente negra y estamos cansados. No nos hablen de saqueo, ustedes son los saqueadores. América ha saqueado a las personas negras. América saqueó a las nativas americanas cuando llegaron aquí. Saquear es lo que ustedes hacen, lo hemos aprendido de ustedes. Hemos aprendido la violencia de ustedes. Si quieren que nosotros lo hagamos mejor, entonces ustedes tienen que hacerlo mejor, maldita sea” (Tamika Mallory, 30 de mayo del 2020).
(Protesta por la muerte de George Floyd en Francia. Los participantes se reunieron afuera de la embajada de EE.UU. en París. Foto: Reuters)
“I can’t breathe” (últimas palabras de Floyd antes de morir asfixiado) fue y sigue siendo la consigna de las protestas tanto en las calles como en los medios virtuales; consigna que no representa aparentemente ningún proyecto político específico, sino que apela al acto físico que nos mantiene vivos: respirar; pero también es la lucha contra la muerte (8 minutos de resistencia agónica), contra la “desechabilidad de la vida de los negros” (Mignolo, 2007). Defensa de la vida, que según Mignolo van más allá incluso de los marcos de entendimiento de la biopolítica o de la “nuda vida” de Agamben. En su rescate de la literatura de Ottobah Cugoano, un ex esclavo Ghanés, fundamental para el edificio epistémico decolonial según Mignolo, este mismo autor señala con respecto a la idea anterior que:
“Las reflexiones de Agamben son importantes, pero tardías, regionales y limitadas. Partir de los refugiados de la segunda guerra mundial y del holocausto significa ignorar los cuatrocientos años de historia moderno/colonial en la que los refugiados y el holocausto nazi son tan sólo un momento más en la larga cadena de desechabilidad de la vida humana (…) Así, la “nuda vida” que “descubrió” Agamben, y que tanto entusiasmó a la mentalidad blanca de la Europa occidental y de los Estados Unidos, es tardíamente lo que indios y negros ya sabían desde el siglo XVI” (Mignolo, 2007: 41-42).
Como ha señalado Castro-Gómez y Grosfoguel “las estructuras de larga duración formadas durante los siglos XVI y XVII continúan jugando un rol importante en el presente” (Castro Gomez y Grosfoguel, 2007: 12), y así se hacen sentir en las últimas protestas masivas registradas en Estados Unidos este mes, pero también en Chile y Ecuador el año pasado. La modernidad como proyecto instalado de la colonización que, “supone, como es obvio, una concepción, incluso una filosofía de la historia, fundada en una temporalidad lineal, evolutiva, “teleológica” (Gruner, 2015), genera en su propia constitución respuestas contradictorias o que deniegan una única identidad. De esta manera según Mignolo “La retórica salvacionista de la modernidad presupone ya la lógica opresiva y condenatoria de la colonialidad (…), esa lógica opresiva produce una energía de descontento, de desconfianza, de desprendimiento entre quienes reaccionan ante la violencia imperial” (Mignolo, 2007:26). Tal vez de esta manera dichas protestas pueden representarse una suerte “de boomerang a largo plazo, en un movimiento que comenzó en el siglo XVI” (Mignolo, 2007: 30), un eco del pasado que no ha perdido su volumen a lo largo de la historia, ni siquiera sofrenadas por la también amenazante verdad histórica que "cuando empiezan las protestas, empiezan los disparos", verosímiles y sinceras palabras de Donald Trump escritas en Twitter minutos después de ver arder la comisaría de Minneapolis.
Otro tipo de asfixias
Por otra parte, las
protestas del “I can’t breathe” a la que también se unieron ciudadanos blancos
estadounidenses y de todas partes del mundo, parece tener fundamento en otro
tipo de asfixias: las deudas y la desigualdad económica. No es nada casual que
los saqueos se hayan dirigido principalmente a las importantes tiendas de
franquicias transnacionales. Las protestas en Chile registradas en los meses de
octubre y noviembre del 2019 también son muestras de este tipo de asfixia.
Dichas manifestaciones, que tuvieron como título “El estallido social en
Chile”, “Chile despertó”, o “La revolución de los 30 pesos”, partían de la
defensa de la dignidad humana corroída por la lógica del capitalismo neoliberal
o el liberismo –en el neologismo que Ansaldi (2017)rescata
de Benedetto Croce para cuestionar la novedad contemporánea del “neo”
liberalismo- y que además se pensaba como el “modelo” de aplicación para la
región Latinoamericana. “Nuestro país es un verdadero oasis con una democracia
estable” señalaba Piñera apenas meses atrás al estallido, comparándose con
otros países latinoamericanos sumergidos en oleadas de protestas (Ecuador,
Bolivia, Honduras). Grande fue su sorpresa. Es curioso mencionar que los
saqueos tanto en Estados Unidos como en Chile -condenados rotundamente por los
medios, los políticos conservadores y el sector empresarial desde el típico
moralismo de la paz y el orden- hayan sido provocados por apenas 20 dólares
(que supuestamente eran falsos y que fue la causa del arresto de Floyd) y 30
pesos (que era el aumento de la tarifa del Sistema Público de Transporte de
Santiago).
(Fotografía tomada por Susana Hidalgo. En ella se aprecia a manifestante ondeando la bandera mapuche en la cima de una estatua militar, en Santiago, imagen que se convirtió en símbolo de las protestas en Chile)
En todo caso, gran parte estos reclamos hunden sus raíces en las promesas no cumplidas de la modernidad concretadas finalmente en los ideales liberales de la Revolución Francesa de Libertad, Igualdad y Fraternidad que, propiamente dicha, fue la consolidación de los valores de la clase burguesa para la defensa de la propiedad privada y la emergencia de los estados-nación contemporáneos; y más atrás: modernidad fundada sobre la base de la “mundialización de la ley del valor del capital” (Samir Amin, citado en Gruner, 2015) o de la acumulación originaria del capital en la cual las nuevas colonias dieron fundamento y se fundamentaron en ella. Por lo tanto, nacimos modernamente en condición de desigualdad. Desde esta perspectiva genealógica se puede entonces analizar la relación entre los contemporáneos Estados democráticos, el capitalismo, la corrosión de la dignidad humana y las respuestas o frentes de luchas históricas. Tal como Ansaldi señala:
“En el contexto actual, un aspecto especialmente relevante es el de la relación -nada nueva- entre democracia y exclusión. Es la forma de referir la relación, clásica ella, entre democracia y capitalismo. Si se quiere ser claros y precisos, tal cuestión debe plantearse en términos de la relación entre las consecuencias de las políticas de ajuste estructural y los derechos humanos. Va de suyo que pobreza, indigencia y exclusión son violatorias de los derechos fundamentales. La pretensión de los liberistas fundamentalistas era y es conjugar lo que llaman ajuste estructural con estabilidad democrática, pretensión inconsistente, pues el ajuste tiende a crear inestabilidad política” (Ansaldi, 2007:33)
Súmese también la
represión nada nueva con el resultado de las víctimas mortales de siempre. Un
muerto en estas circunstancias es una persona que fue doblemente excluida,
primero, a lo largo de toda su vida y segundo, en el instante mismo en que la
perdió.
Zombis/Aliens
Otras formas de vidas
más atrofiadas por capitalismo y la colonialidad también emergen en este
panorama: los migrantes, que además de ser expulsados de un sistema en el cual
no encuentran sustento van por el mundo cargando sus estigmas etno-raciales a
la búsqueda de mejor suerte. De ahí la necesidad de aislarlos y guardar
distancia de ellos para no caer en la cuenta del recordatorio que transportan:
que la situación de bienestar de nuestras vidas modernas es demasiada frágil (Bauman, 2016).
Los zombis son entes que han vuelto de la muerte, pero en condiciones físicas y mentales lamentables. Su concepto deviene de las creencias y prácticas del vudú donde un houngan, bokor o hechicero vudú a través de un ritual mágico es capaz de devolver a la vida a un muerto para someterlo a su voluntad y deseo, es decir, volverlo su esclavo. Etimológicamente este término deviene del idioma criollo haitiano zombi y podría tener un origen más remoto en las raíces de otras lenguas africanas. Por otro lado, los alienígenas —o aliens en inglés— es una palabra compuesta latina (ali – gen) que etimológicamente significa “lo engendrado en otra tierra”. Popularmente el uso de este término está asociado a la creencia en los seres extraterrestres u ovnis y prima también en la imaginación el exotismo y terror que genera saber que hay otras formas de vida parecidas a la nuestra. Ambas figuras metafóricas parecen coincidir con las características de existencia y las concepciones que se tiene sobre los migrantes. Jean y John Comaroff, utilizando ambas figuras plantean algunas preguntas para el contexto africano:
“¿Qué tendrán que ver los zombis con las explosiones que experimentó el capitalismo neoliberal a fines del Siglo XX? […] ¿Y con la historia del trabajo? ¿Y con la metamorfosis del estado-nación moderno? ¿Por qué estos significantes espectrales y flotantes hicieron su aparición en varias zonas de África, en proporciones épicas y epidémicas, en los últimos tiempos? ¿Y que tendrán que ver con los inmigrantes, esos nómadas en procura de trabajo que al parecer siempre tendrían que estar en otra parte; esos ciudadanos parias de un orden global en el cual, paradójicamente, se proclama la disolución de los viejos límites territoriales? A decir verdad ¿qué nos dicen todas estas cosas (signadas por la distintiva marca del exotismo) acerca de las realidades materiales, culturales y epistémicas de nuestros tiempos? (Comaroff y Comaroff, 2013: 237)
Ciertamente las grandes masas de migrantes contemporáneos constituyen la mano de obra más barata en cualquier lugar donde se los encuentre, reducidos a su única y esencial condición de fuerza de trabajo, tienen que convivir con la cotidiana condición del cansancio; sospechosos además de arrebatar oportunidades a los ciudadanos propios del lugar a donde llegan, son excluidos por la xenofobia y el racismo. Zombis-aliens, dejan la sensación que la esclavitud colonial -aun en nuestros escenarios “democráticos”, de “oportunidades para todos” y bajo el amparo de los derechos humanos-, utilizando las palabras de Alphonse Karr: “cuanto más cambie es más de lo mismo”. La ventaja de hace unos siglos era que los traficantes de vida para el sustento del capitalismo cuando transportaban a los esclavos en los barcos podían aún tener control sobre ellos, ahora que provienen de todos lados es imposible poder controlarlos, solo apenas vigilarlos, pero ello es competencia del Estado.
Aun así, sobre el tema o
problema de la migración ha tratado siempre de prevalecer la postura del
“control”, que solo piensa dentro de sus mismos marcos de entendimiento, pero
nunca pone en cuestión las lógicas sistémicas que generan los desplazamientos.
Así desde estas posturas tanto para conservadores como liberales, se trata de
un “fenómeno” disfuncional al normal desarrollo de la economía, contenible
mediante medidas como los cierres de fronteras (sino de construcción de muros),
acuerdos bilaterales o dictámenes prohibitivos además de punitivos; y cuando ya
se encuentran instaladas al interior de su nuevo territorio o pretenden
hacerlo, en el mejor de los casos se trata de “incluirlos”, ·insertarlos”,
“registrarlos”, “mapearlos”; y en el peor, de perseguirlos con el sello de la
ilegalidad hasta poder deportarlos. Y para todo ello no escasean los expertos
en los diversos temas, pero únicamente enmarcados en el marco del modelo
vigente, académicos que hacen un gran esfuerzo por tratar de coincidir pobreza
y PBI, libertad y el FMI, democracia y control migratorio, derechos humanos y
paquetes económicos, entre otros asuntos irresueltos.
De todos modos, como ha anticipado el sociólogo y filósofo Z. Bauman (2016:12) “tal y como están las cosas (y como todo indica que estarán durante mucho tiempo), es improbable que las migraciones masivas vayan a disminuir, ni porque desaparezcan los factores que las impulsan, ni porque se pongan en práctica ideas más ingeniosas para frenarlas”.
Tampoco importa
sorprenderse cuando todos ellos salgan a las calles reclamando la traición de
sus derechos y la defensa de un poco de dignidad humana. Sorpresa que pudo
notarse en las expresiones de la primera dama de Chile al catalogar las
protestas registradas el año pasado “como una invasión extranjera, alienígena”.
Al parecer estos personajes siempre estuvieron conviviendo con ella, con el sector
minoritario de la burguesía, y no solo conviven en el mismo lugar sino que lo
hacen durante siglos, ocupando los espacios subterráneos y oscuros de la
historia. Un Guerra de los mundos donde -como en la película del mismo nombre
dirigida por Steven Spielberg y estrenada en el 2005, pero basada en la novela
homónima de Herbert George Wells de 1898-, los aliens llegados desde el
exterior a través de los rayos eléctricos que caen sobre la tierra, emergen del
suelo dispuestos a destruir el planeta entero.
Y aunque sea de paso, es necesario mencionar que los migrantes en este contexto de “confinamiento” -si es que se le puede atribuir ya esa condición a miles de ellos que pasan sus días en campamentos y hacinamientos- ha incrementado su lamentable situación humana.
Futuras efemérides
Volviendo a los
acontecimientos que sucedieron el 30 de mayo, ¿qué narrativas de este presente
construiremos para las efemérides que heredarán las futuras generaciones? A
nuestra mente viene la última escena de Figth Club de David Fincher: ese
extraño momento reconfortante en que los protagonistas se toman de la mano
mientras se ve a través de la frágil ventana de un edificio que la ciudad a su
alrededor empieza a destruirse.
El 30 de mayo, mirábamos también atentos a través de las ventanas de nuestras pantallas la cuenta regresiva del estallido que impulsaría el Crew Dragon al Espacio que, más allá de ser "un pequeño paso para el hombre” es un gran paso para Musk y las inversiones en el transporte espacial, años luz de nuestras posibilidades económicas terrenales de poder algún día tripular; en simultáneo en ese mismo país, enfurecidas masas tomaban las calles. Disyuntiva: Mirar al eterno paraíso que nos espera en el cielo mientras soportamos nuestro pasajero “valle de lágrimas”, otra verdad histórica.
En Vietnam durante las dos décadas que duró la guerra murieron entre 3,8 y 5,7 millones de personas, pero sobre la Guerra Fría más se recuerda los nombres de los astronautas del Apolo 11 y las victorias heroicas de Rocky Balboa. No importa tampoco los planes de Estados Unidos por frenar procesos revolucionarios (que muchos de ellos terminaron en gobiernos) en Centroamérica y América del Sur, originando además la creación de un personaje funesto de nuestra historia reciente: el desaparecido. En unos años ¿recordaremos más al dinosaurio de juguete que conoció el espacio, o la comisaría incendiada en Minneapolis? ¿Qué sensación nos asaltará cuando recordemos este momento? ¿El confort o el caos? ¿Cielo o tierra? Y como dice la letra de una canción de Led Zeppelin “And she's buying a stairway to heaven”, ¿a qué precio abandonamos nuestros pies en la tierra?
Bibliografía
Ansaldi, W. (2017). Arregladitas como para ir de boda. Nuevo ropaje para las viejas derechas. Revista THEOMAI, nº 35., Documento virtual: http://www.revista-theomai.unq.edu.ar/numero35.
Bauman, Z. (2016). Extraños llamando a la puerta. España: Paidós.
Castro-Goméz, S., & Grosfoguel, R. (2007). Prólogo. Giro decolonial, teoría crítica y pensamiento heterárquico. En S. Castro-Gomez, & R. Grosfoguel, El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global (págs. 9-25). Bogotá: Siglo del Hombre editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar.
Comaroff, J., & Comaroff, J. (2013). Teoría desde el sur. O como los paises centrales evolucionan hacia Africa. Siglo XXI.
Gruner, E. (2015). Un bicentenario reprimido. La revolución haitiana, o la modernidad reprimida. El Aromo nº 54, Artículo digitalizado.
Mignolo, W. (2007). El pensamiento decolonial: desprendimiento y apertura. Un Manifiesto. En S. Castro-Goméz, & R. Grosfoguel, El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global (págs. 25-47). Bogotá: Siglo del Hombre editores; Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar.








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